Mundo insólito – Los usureros van al cielo
(CRHoy.com) – Allá por el año 1179, la Iglesia mandó al infierno sin ninguna contemplación a todo mortal que prestara dinero y cobrara a cambio un interés. ¿Cómo lo hizo? Muy fácil: negándole critiana sepultura.
Ante semejante castigo, es de suponer que, habiendo sido este negocio tan lucrativo desde hacía ya miles de años, el infierno luciera rebosante de usureros de toda estirpe que se enriquecieron a costa de los pobres.
El óleo sobre lienzo del padre Hernando de la Cruz del siglo XVII, llamado "El Infierno", es como un pantallazo de aquel destino final que les aguardaba a esos especuladores al destacar la figura del usurero con un demonio a su espalda mordiéndole la cabeza.
Por si fuera poco, el propio Dante, en su Divina Comedia, ubicó a los usureros en el sétimo de los nueve círculos del Infierno, o sea, en su vértice, en sus profundidades y a nada de las barbas de mismo Pisuicas.
Fue esta una cruzada de miles de años librada por la Iglesia cristiana, e incluso por otras religiones y hasta filósofos, para que los usureros no medraran del hambre y las necesidades de los que menos tenían y a quienes más bien había que ayudar, si fuera del caso, con limosnas.
Hasta que en el siglo XIII, tras entrar en escena con toda su maquinaria productiva y banquera, el capitalismo le hizo un guiño a la Iglesia para que no fuera tan cruel y dogmática con los hacedores de dinero que se ganaban el pan con el sudor de la frente ajena.
La idea era que la Iglesia potenciara su inconmensurable inventiva para tenderle un hilo de plata a banqueros, financistas, prestamistas y demás usureros de modo que no se fueran a achicharrar al fondo de los infiernos por la nimiedad de haber hecho unos "cinquitos" de más.
Así las cosas, la Iglesia, misericordiosa como es, empezó a hacer algunas fintas sobrenaturales para adaptar su doctrina al nuevo poder económico hasta que, en una que va y en otra que viene, el Purgatorio surgió como la estación intermedia o de paso más apropiada para que los usureros pudieran hacer penitencia antes de seguir a su destino final: la gloria eterna.
¿Y qué pasó con los usureros que tenían ya milenios asándose sobre las parrillas del averno? ¿Se les indemnizó? ¿Recibieron algún portafolio accionario de indulgencias eclesiásticas?
Y bueno…ya con esa arca de par en par, el capitalismo hizo y deshizo a placer al institucionalizar los cobros desmedidos de intereses, la especulación, las ganancias desproporcionadas, la agresión contra el patrimonio familiar y esas tasas que superan escandalosamente el costo del dinero, para no mencionar "el robo a Dios" en sí mismo que también perpetraban.
En nuestro tiempo, el propio papa Francisco, viendo el daño global que causa la usura contra la gente, muy a menudo hace llamados a quienes ejercen ese voraz negocio para que no sean tan buchones y chupasangres (así no lo dijo el papa pero es para que lo entendamos todos) contra el que apenas tiene.

Este año se aprobó la Ley contra la Tasa de Usura en el país
Es por eso que, dándose cuenta también de la monstruosidad de la usura en Costa Rica, hace un par de meses los diputados aprobaron por fin la reforma a la ley que regula las tasas de interés máximas que se pueden cobrar y que han obligado a algunos bancos a desinflar un poco su nube dorada.
No obstante, la guerra contra la usura debe continuar. Aunque los tiempos modernos la vean cada vez más como una práctica o forma natural de hacer negocios, hay que castigarla. Y castigarla terrenalmente porque si al Infierno, al Purgatorio y a la Iglesia nos atenemos, nuestra antorcha revolucionaria caerá en saco roto.
Máxime si tomamos en cuenta que en los últimos años a los mismos papas se les ha hecho un "colocho" teológico el tema del infierno, el purgatorio, el limbo y todo lo que tenga que ver con el "más allá" al considerarlos, más que entes del espacio, "estados de ánimo" o "fuegos internos".
"Usureros de todo el mundo: ¡Fuera!"
