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Mundo insólito – Hasta que la muerte nos una

27 de Oct. 2019 | 8:09 am

Irène Jodard – Agosto 1960

(CRHoy.com) – En Francia es algo frecuente la siguiente escena nupcial:

-¿Acepta usted por esposo a "fulano de tal"?

Ella, ataviada de riguroso traje de novia y maquillaje impecable, reacciona:

-Sí, acepto.

No obstante, su prometido no responde. Y no responderá nunca. No porque se haya arrepentido en el último minuto sino porque está muerto. Ha muerto días, semanas o meses atrás en un accidente de tránsito, ahogado, asesinado o víctima de alguna enfermedad.

Francia es el único país del mundo donde la ley permite casarse con un muerto.

Todo empezó en 1959 cuando a raíz de la muerte de su novio en las inundaciones de Malpasset, la joven Irène Jodard pidió permiso al entonces presidente Charles de Gaulle para casarse con André Capra quien había sido su pareja durante varios años.

Desconcertado, el general de Gaulle le prometió a Irène pensarlo bien y al cabo de unos meses, merced a sus diligencias ante el Parlamento, la boda post mortem se consumó y consagró como la primera de su tipo en el mundo a través del artículo 172 del Código Civil francés.

Conscientes de que el único requisito es demostrar que ambos tenían planes de boda antes del desenlace fatal de uno de ellos, docenas de bodas de vivos con muertos (unas 50 en promedio) se realizan anualmente en Francia según el gusto de cada quien.

A partir del "Sí acepto" de la novia o prometida, cuyo novio está al lado representado en una fotografía, ella automáticamente se convierte en viuda con una serie de derechos retroactivos que no incluyen necesariamente los de sucesión salvo, en algunos casos, si está embarazada de él.

Esta legislación ha dado pie a un sinnúmero de situaciones inéditas, como la de la boda post mortem no de una pareja heterosexual sino marido-marido entre Étienne Cardiles y el policía Xavier Jugelé, asesinado en los Campos Elíseos tras algunos actos de violencia.

O también como la de la joven estadounidense de 24 años de edad quien en 2004 presentó una solicitud formal para contraer nupcias con el poeta francés Conde de Lautréamont, fallecido en 1870, y que le fue denegada por razones obvias.

Las ceremonias para estos casos pueden ser desde discretas hasta a toda pompa, dependiendo del duelo de ella y del carácter alegre, sobrio o reservado que haya tenido en vida su pareja, y que en algunos casos no descarta la posibilidad de un brindis "a la salud" de los contrayentes.

Si bien se trata de los únicos matrimonios en los que, en vez de separarlos, la muerte los une, la cónyuge, en su calidad de viuda, podría eventualmente casarse con un vivo siempre y cuando, por supuesto, se divorcie del muerto en un acto igualmente sentido y protocolario.

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