Mundo insólito – El papel higiénico sigue siendo el rey
(CRHoy.com) – Antes de ser inventado el papel higiénico, el ser humano recurrió, según la época, a todo lo que la imaginación le permitió para resolver esa parte de su higiene corporal.
La lista es extensa pero veamos unas cuantas opciones: piedras, lechuga, arcilla, musgo, nieve, conchas, algas, pieles, trapos, mazorcas de maíz, césped, hojas de coco… ¿En cuál época le hubiera gustado vivir según esos hábitos?
¿En la de la mazorca de maíz que empleaban los colonos norteamericanos? Si bien parecía muy eficaz, era demasiado contundente. ¿En la de la piedra? Menos. ¿En la de la lechuga? Mmmm… Mejor no. Demasiado fina.
Además, todo dependía del "baño" porque este podía ser desde un matorral, tronco, playa, montaña o cerco hasta un inodoro como el inventado en 1556 por John Harrington, ahijado de Isabel I, quien no lo dejó en paz hasta que le hiciera uno igual.
Pero, bueno… a la larga a usted le hubiera gustado la opción de los romanos quienes, un poco más tecnificados, utilizaban en los baños públicos esponjas empapadas en agua de sal amarradas a un palo que compartían con los demás.
O hubiese preferido la de ciertos reyes que recurrían al agua de rosas con damas que los aseaban en recintos especiales de sus palacios hasta dejarlos impecables. Bueno…es un decir.
Lo que sí es seguro es que usted hubiera preferido la costumbre de las hojas de papel especiales de 0.5 x 0.9 metros de longitud que permitían una limpieza más aséptica. No obstante, había un inconveniente: para disfrutar de semejante privilegio usted tenía que ser emperador chino allá por el año 1391.
Pero Occidente no se quedó atrás y hacía lo propio por suavizar el procedimiento. De ahí que cuando los libros, revistas y periódicos se volvieron algo común allá por el siglo XVIII, ir al baño se convirtió en algo placentero, sobre todo en las zonas rurales.
Ni qué decir cuando los enormes catálogos de almacenes como Sears fueron convertidos, página por página, en la opción más popular de la época hasta que en los años treinta los empezaron a editar en papel satinado y la limpiada se jodió porque si bien las ofertas eran muy tentadoras, sus páginas se volvieron una grosería que hería la susceptibilidad higiénica del usuario.
Hasta que, por fin, gracias a los hermanos Scott el uso del papel higiénico en rollos se popularizó y el mundo occidental cambió radicalmente por su comodidad y porque, en adelante, los fabricaron más suaves, de doble capa y hasta perfumados.
Empero, Japón, con su ingenio tecnológico, intentó destronar el papel higiénico con un inodoro multiuso que lava, enjuaga y seca al usuario sin necesidad de papel, pero su esfuerzo fue en vano y el papel higiénico sigue siendo el rey.
Si no que lo digan Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y el mismo Japón, considerados los mayores consumidores de papel higiénico pese a que, aún hoy, alrededor de cuatro mil millones de personas siguen sin usar papel higiénico en el mundo.
Si bien Costa Rica es un gran consumidor de papel higiénico, no quita que, ante alguna emergencia que nos haga correr al cafetal, potrero, matorral o canforro, la hoja de plátano, bijagua, mano de tigre, periódico, tusa, pedazo de teja o rama no muy concha sean también bienvenidas.

