Mundo insólito – Adiós al Sol
(CRHoy.com) – Hace 4.600 millones de años, allí donde hoy está el Sol, hubo una nube de gas.
Luego, esta colapsó y dio origen al Sol y posteriormente al sistema planetario.
Dentro de los siguientes 4.600 millones de años, será el Sol el que se extinga y dé paso a una nebulosa planetaria o anillo de escombros luminosos.
Como una carrera de relevos, y aquí no pasó nada.
De la humanidad, ya extinta desde mucho antes, no quedará ni la sospecha de que en este barrio solar hubo vida inteligente.
Porque nada en el universo se queda quieto. Todo fluye. Todo pasa. Nos expandemos a 70 km/s por megapársec (3.26 millones de años luz).
Es como si todo en el espacio se estuviera yendo, empujado por las fuerzas oscuras, influido por alguna densidad de energía adicional o símplemente atraído por la nada.
Una nada que sí juega a los dados.
De ahí que lo que hoy está aquí, ya mañana no. ¡Muerto el Sol, que viva el Sol!
¡Cómo le agradeceremos aquellos atardeceres violeta entre cervezas, canciones, ceviches y flirteos al aire libre!
Las propias galaxias se alejan a velocidades que están en proporción directa a la distancia que nos separa de ellas.
Disponen, a su antojo, de 46 mil millones de años luz para moverse de aquí allá hasta los mojones del universo.
Y siguen ganando terreno.
No solo para moverse; también para transformarse… o aniquilarse.
El telescopio Hubble es un buen testigo de ello al mostrarnos fotos del espacio profundo envuelto en una acuarela de bellísimos tonos entre púrpura y turquesa.
Pero lo que en realidad nos está mostrando es el choque apocalíptico de dos gigantescas galaxias con todos sus trillones de estrellas, sistemas planetarios y agujeros negros haciéndose puré.
Lo mismo que nos va a pasar cuando el Sol se agote, funda y desinfle.
Alguien desde los confines del universo nos verá desaparecer a través de sus telescopios en medio de una espectacular aurora cósmica y dirá «¡Guauuuu, qué belleza!»
«No se vale –rezongaremos ufanos–; somos vida inteligente».
¿Y qué?
Demasiado tarde porque ya sin sus reservas de hidrógeno y en medio de un envoltorio de helio, el Sol se hinchará hasta Mercurio, Venus y quizá la Tierra antes de reducirse otra vez a polvo estelar.
Por eso, lo mejor desde ahora es no perderle el ojo porque debido a su edad actual, nuestro Sol se ha engordado un 20%.
Para finalmente hacer ¡pum! y acabar en una aburrida nebulosa planetaria o anillo de gas y polvo con su núcleo pequeñito de enana blanca tamaño Tierra.
¡Y pensar que nosotros, creyéndole invencible, poético y hasta romantico, le dimos el estatus de divinidad!
Bueno… a decir verdad no era un Míster Universo, pero sí el único hasta entonces conocido en darnos el ser y la vida.
¡Ay, el azar! Échele la culpa al azar.

