FOTOS: Kim Kardashian bajó 7 kilos para entrar en vestido de Marilyn Monroe
(CRHoy.com) Kim Kardashian quería deslumbrar en la MET Gala y lo logró. Nadie se imaginaba que aparecería con el vestido icónico de la recordada Marilyn Monroe.
No fue tarea sencilla, primero porque el vestido es carísimo y hay que cuidarlo y segundo, porque la socialité no entraba en él, así que debió someterse a un estricto régimen alimenticio con el que bajó 7 kilos en tres semanas.
En entrevista con la revista Vogue, Kim aseguró que la idea le surgió desde setiembre del año pasado y estaba segura de que, llamaría la atención al utilizar el mismo vestido que Monroe usó para cantarle cumpleaños al fallecido expresidente, John F. Kennedy, en 1962.
"Hoy en día todo el mundo lleva vestidos transparentes, pero en aquella época no era así. De cierta manera, es el vestido desnudo original. Por eso era tan impactante", dijo sobre el vestido, con más de 6 mil cristales.
En esos años, el vestido de Marilyn costó alrededor de $1.500 dólares y estaba hecho a su medida. Tras su muerte, fue vendido por primera vez en 1999 en un millón de dólares y posteriormente por el museo Ripley's Believe It Or Not, que lo compró por $4.8 millones, en el 2016.
"Soy una gran aficionada a las subastas y tengo varias piezas de JFK, así que conozco al dueño de Julien's. Él me puso en contacto con Ripley's y así fue como empezó la conversación", aseguró Kardashian.
El vestido se guarda en una cámara oscura, con una temperatura y una humedad determinadas. Además de Marilyn, nunca nadie se lo había probado.
Kim tuvo que probarse una réplica para asegurarse que le quedaba. Luego, le enviaron el original en un avión privado desde Orlando, hasta su casa en Calabasas.
"El vestido fue transportado por guardias y tuve que ponerme guantes para probármelo. Siempre pensé que (Marilyn) tenía muchas curvas. Me imaginaba que podría ser más pequeña en algunos lugares donde ella era más grande y más grande en lugares donde era más pequeña. Así que cuando no me quedó bien quise llorar porque no se puede modificar en lo absoluto", explicó.
Fue así como la empresaria estadounidense decidió ponerse a dieta.
"Era esto o nada. Me ponía un traje de sauna dos veces al día, corría a gran velocidad, eliminaba por completo el azúcar y los carbohidratos, y solo comía las verduras y las proteínas más limpias. Un mes después, estaba en las bóvedas de Ripley en Orlando para la prueba final. Quería llorar de alegría cuando por fin me quedó", expresó.
Por si fuera poco, Kim tuvo que practicar cómo caminar con el vestido y subir las gradas para la MET Gala. Luego de eso, se cambió y se puso una réplica.
"Soy muy respetuosa con el vestido y con lo que significa para la historia de Estados Unidos. Nunca querría sentarme en él, ni comer en él, ni correr el riesgo de que se dañe. Todo tuvo que ser específicamente cronometrado y tuve que practicar cómo subir las escaleras", finalizó.







