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Debate de Radio Columbia: la gradería se robó el show

Con seis candidaturas en escena, un formato radial trasladado a video y una audiencia presencial que alteró el pulso del encuentro, el debate de Radio Columbia dejó más señales sobre inteligencia emocional y desempeño bajo presión que sobre propuestas concretas.

Por Víctor Fernández G. | 27 de Ene. 2026 | 4:38 pm

Debate presidencial de Noticias Columbia este 26 de enero. Foto: CRH

La presencia de público, una administración del tiempo irregular y dinámicas que terminaron diciendo más de los candidatos que de sus propuestas marcaron el debate presidencial organizado por Radio Columbia la noche del lunes 26 de enero. En coproducción con la Universidad Latina, el foro sumó un nuevo capítulo a la serie de ejercicios mediáticos de esta campaña, introduciendo por primera vez una audiencia presencial y segmentos que, por diseño, abrieron espacio para careos esperados, pero también evidenció límites claros en la exposición de ideas concretas.

El debate se realizó en el auditorio de la U Latina, en Montes de Oca. Inició a las 6 p. m. y se extendió por poco más de dos horas y media. Participaron seis candidaturas presidenciales: Claudia Dobles Camargo, de la Coalición Agenda Ciudadana (CAC); Fabricio Alvarado Muñoz, de Nueva República; Ariel Robles Barrantes, del Frente Amplio (FA); Álvaro Ramos Chaves, de Liberación Nacional (PLN); José Aguilar Berrocal, de Avanza; y Laura Fernández Delgado, del Partido Pueblo Soberano (PPSO). La conducción estuvo a cargo de la periodista Evelyn Fachler.

Desde su concepción, el debate respondió a la lógica de una emisora de radio. Su naturaleza fue, ante todo, auditiva. Eso explica que, para quienes siguieron la transmisión en video por YouTube u otras plataformas, el formato resultara visualmente básico, acartonado, con pocos recursos de cámara y predominio de planos fijos. No era un debate pensado para la pantalla, sino para el oído. En ese contexto se entiende que Fachler repitiera con frecuencia el tiempo restante de cada intervención: un dato quizá redundante para el espectador, pero vital para la audiencia radial.

En cuanto a la forma, el debate apostó por un esquema tradicional, con todos los candidatos ubicados en un mismo escenario. Se plantearon temáticas generales —como el tejido social— y se otorgaron cuatro minutos a cada aspirante para administrar libremente su intervención. El problema no estuvo en la conducción, sino en el diseño de la dinámica: la amplitud de los temas permitió que varios esquivaran responder lo que se les preguntaba, desviaran la conversación hacia otros asuntos o aprovecharan el tiempo para responder alusiones.

El resultado fue una dinámica desordenada y poco efectiva para la exposición de propuestas concretas. Sin embargo, ese mismo desorden abrió espacio para careos que el público había venido esperando. En ese terreno, más que planes de gobierno, quedaron expuestos atributos como inteligencia emocional, manejo del estrés y capacidad de respuesta bajo presión.

Otro segmento otorgó tres minutos ininterrumpidos a cada candidato para responder sobre escenarios hipotéticos de tono apocalíptico: ataques cibernéticos, guerras mundiales o grandes catástrofes. Aquí el tiempo volvió a jugar en contra. Las respuestas se alargaron innecesariamente y, en varios casos, derivaron en repeticiones. Con un minuto y medio habría bastado para cubrir el ejercicio, considerando que el electorado hoy parece más interesado en soluciones a problemas inmediatos que en simulaciones extremas.

En ese bloque, José Aguilar evidenció reiteraciones comprensibles ante la extensión del tiempo. Claudia Dobles, en cambio, administró mejor su espacio: respondió lo consultado y aún tuvo margen para cuestionar lo dicho previamente por Laura Fernández, cuando esta ya había intervenido.

El contar con público en el auditorio terminó jugando en contra de los planes de la producción. Las interrupciones fueron constantes, entre chiflidos de desaprobación y aplausos de apoyo, según quién hablaba y qué decía. Resulta extraño que nadie viera venir este escenario, dada la emocionalidad que suele dominar a los partidarios en instancias como esta. La política en campaña no convoca oyentes neutros, convoca hinchas.

Ese factor impactó directamente en la conducción de Evelyn Fachler, quien una y otra vez tuvo que quitar su atención de los candidatos para trasladarla a los asistentes. La moderadora llamó reiteradamente al orden, en una escena que por momentos recordó más a una maestra de escuela batallando a sus espaldas con un grupo de chiquitos recién salidos de la piñata que a una periodista conduciendo un debate presidencial. Incluso, la experimentada comunicadora tuvo que advertir que, de continuar el desorden, habría que sacar del auditorio a quienes no permitieran seguir con el ejercicio.

Algunos candidatos no supieron leer la sala. El caso más notorio fue el de Laura Fernández, quien preguntó desde el escenario: "¿Ustedes creen que yo quiero ser dictadora?". La respuesta del auditorio fue un sonoro "sí". Un momento que ilustra los riesgos de exponerse ante una audiencia sin medir el contexto.

La lección es clara: si se abre la puerta a la gradería, hay que contar con esa criatura viva como parte del programa. El público no es un adorno ni un telón de fondo; es un actor que condiciona tiempos, ritmos y tonos. Ignorarlo en la planificación es cederle el control en vivo.

La participación de Laura Fernández despertaba, además, expectativas particulares. A lo largo de la campaña, la candidata oficialista había evitado debates en vivo que la juntaran con quienes hoy figuran como sus principales perseguidores en intención de voto: Ramos, Dobles y Robles. El debate de Columbia ofrecía una rara oportunidad de verla frente a ellos y terminó dando pistas sobre por qué se había mantenido al margen de estas dinámicas.

Sus respuestas sonaron ensayadas, de guion, con poco margen para la espontaneidad, y recurriendo una y otra vez a enseñar fotos impresas que serían, inevitablemente, materia prima para memes. Llamó la atención que se enfrascara en un duelo específico con Fabricio Alvarado —quien no parece representar una amenaza real para su liderato— en un intercambio de acusaciones que escaló hasta una revelación muy seria e inesperada, ante la cual el resto de los participantes optó por no reaccionar. En contraste, Fernández quedó corta a la hora de minar a Álvaro Ramos y Claudia Dobles, hoy los dos con mayores opciones de acompañarla en una eventual pase a segunda ronda.

La periodista Evelyn Fachler fue la conductora del debate. Captura de pantalla/Noticias Columbia

En términos de desempeño, Ariel Robles volvió a ser el candidato más espontáneo y suelto. Es quien le pone pimienta a los debates, con intervenciones que, cuando la ocasión se presta, apelan al humor y la ironía, descolocando a adversarios que se toman demasiado en serio. En esta ocasión, quien la pasó mal fue Aguilar Berrocal, visiblemente incómodo cuando el candidato del Frente Amplio afirmó que él y la chavista Fernández parecían "coyotes de la misma loma".

Ramos tuvo la energía y contundencia que no había exhibido en otros debates, siendo categórico y haciendo un uso preciso del tiempo. Dobles también administró bien sus minutos, lanzando cuestionamientos directos a Fernández mientras las cámaras captaban cómo la sonrisa de la candidata oficialista mutaba gradualmente en gesto de disgusto.

Fabricio Alvarado, antes de su encontronazo con Fernández, intentó proyectar una versión más moderada, quizá a la luz de los buenos resultados que a otros les dejó el cordial Antidebate de TD Más, del cual no formó parte. Sin embargo, los ataques de la candidata oficialista terminaron consumiendo su atención y tiempo.

En cuanto a Aguilar Berrocal, continúa pagando el precio de ser el "sabor de temporada", algo así como el helado de rompope en Navidad: al inicio llama la atención, pero pasada la novedad pierde un poco la gracia. Evitó caer de nuevo en sus sueños de Estonia, buscó mostrarse propositivo y esquivó los careos, pero volvió a evidenciar —como ya le había ocurrido en otro debate— que las alusiones personales no le sientan bien. Lo suyo parece más una campaña de lanzamiento, claramente pensada para una segunda temporada en el ciclo 2030-2034.

Y aunque el debate fue radio, todo quedó a la vista. Por eso resultó extraño el cierre: cuando los candidatos aún no se habían retirado del escenario, el personal de apoyo comenzó a desmantelar la puesta en escena, retirando micrófonos y pedestales mientras los aspirantes seguían intercambiando palmadas en la espalda. Un final abrupto que contrastó con la formalidad del resto del encuentro y dejó una sensación de desconexión entre el medio pensado para el oído y una experiencia que, inevitablemente, también fue visual.

Ficha técnica

Debate presidencial – Radio Columbia/U Latina
Fecha: 26 de enero del 2026
Hora: 6:00 p. m.
Duración: Poco más de dos horas y media
Lugar: Auditorio de la Universidad Latina, Montes de Oca
Transmisión: Radio Columbia y plataformas digitales (YouTube y redes sociales)
Moderación: Evelyn Fachler

Esta es una nueva entrega de la serie de reseñas sobre los principales debates mediáticos de la actual campaña presidencial, a cargo del periodista Víctor Fernández para CRHoy. 

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