Debate Apolítico de No Pasa Nada: siete candidatos, una mesa y cero gritos

A estas alturas de la campaña, los debates presidenciales empiezan a parecerse entre sí como episodios consecutivos de una misma serie: mismos rostros, mismos temas, mismos reproches reciclados. Por eso, cuando un careo logra cambiar el tono —no por el grito, sino por la forma— conviene ponerle atención. Eso fue lo que ocurrió la noche del 28 de enero, cuando el medio digital No Pasa Nada llevó su Debate Apolítico al Teatro Espressivo y, en lugar de atriles y poses rígidas, apostó por una conversación cara a cara.
Fundado en 2019 dentro del ecosistema digital, No Pasa Nada ha construido su identidad a partir de un lenguaje juvenil, directo y sin adornos, acompañado de una presencia orgánica y constante en redes sociales y de una robusta producción de pódcasts informativos y videos. Con el paso del tiempo, y particularmente a la luz del abundante contenido político generado durante la actual administración, el medio se ha consolidado no solo como un referente entre audiencias jóvenes, sino también como un actor con peso propio en la cobertura política nacional. Su Debate Apolítico fue una confirmación de ese recorrido.
El encuentro reunió a Álvaro Ramos (PLN), Claudia Dobles (Coalición Agenda Ciudadana), Ariel Robles (Frente Amplio), Juan Carlos Hidalgo (PUSC), Natalia Díaz (Unidos Podemos), José Aguilar Berrocal (Avanza) y Eliécer Feinzaig (PLP). Las ausencias, tan previsibles como elocuentes, fueron las de Laura Fernández, aspirante del chavismo desde Pueblo Soberano, y Fabricio Alvarado, de Nueva República.
Y, como ya ha ocurrido en otros ejercicios recientes, cuando esas figuras no están en escena —especialmente Fernández— el formato se desplaza del reproche al diálogo. Así, al igual que sucedió en el Antidebate de TD Más, el Debate Apolítico de No Pasa Nada transcurrió en un clima respetuoso, sin burlas ni descalificaciones, con mayor énfasis en la exposición de ideas que en el choque frontal.
Uno de los grandes aciertos fue el formato. Todos los candidatos, junto con los conductores Karol Quesada, directora de noticias del medio, y Pietro Cercone, CEO y fundador, se sentaron alrededor de una mesa redonda, lo que favoreció un contacto visual permanente y un intercambio más directo. Lejos del esquema tradicional de hablarle a una cámara mientras se alude a quien está al lado, aquí la conversación fluyó de frente.
Las cámaras, ubicadas en el centro de la mesa, captaban a los participantes de manera frontal y reforzaban una estética cercana, casi íntima, más emparentada con la lógica de una videollamada que con la de un debate televisivo clásico. Una puesta en escena coherente con el ADN digital del medio y con su audiencia.
El público también marcó una diferencia. El Teatro Espressivo lució abarrotado, con entradas agotadas prácticamente desde que salieron a la venta. A diferencia de otros debates recientes con audiencia presencial, aquí el público no fue un elemento a domesticar. Sus reacciones espontáneas —risas, gestos, aplausos puntuales— se integraron de forma natural a la conversación, sin necesidad de llamados de atención ni intervenciones desde la producción.
No eran hinchadas reaccionando por consigna, sino espectadores atentos, capaces de acompañar el intercambio sin contaminarlo. Nadie los calló porque no hizo falta. Esa madurez permitió que el debate avanzara con fluidez y sin interrupciones forzadas, marcando una diferencia clara frente a ejercicios donde la gradería termina robándose el protagonismo.
La conversación, guiada por los periodistas de No Pasa Nada, versó sobre los temas que la ciudadanía viene demandando sean atendidos: la crisis abrumadora de inseguridad, el empleo —con el proyecto de jornadas 4×3 dividiendo criterios y marcando colores políticos—, el presupuesto para la educación pública, la apertura del mercado eléctrico y los estilos de negociación política. En este último punto, incluso Natalia Díaz admitió que su exjefe, el presidente Rodrigo Chaves, está muy lejos de ser un buen ejemplo en la materia.
A estas alturas de la campaña, y a fuerza de debatir un día sí y otro también, estos siete aspirantes se mueven en escena con la familiaridad de quienes ya se conocen de memoria. Las diferencias ideológicas están ahí, pero el respeto es notorio, y no faltan gestos de camaradería e incluso de afecto. Hay un parecido legítimo entre personas que han mostrado tener más puntos de coincidencia que diferencias irreconciliables.
Eso no impidió momentos de confrontación. Como bien lo dijo Ariel Robles, hacía falta ponerle "picante" al intercambio, porque si todo transcurría en el acuerdo permanente, el resultado podía volverse aburrido. El frenteamplista fue quien más puso a prueba a sus contrincantes, al cuestionar a Claudia Dobles por la postura del PAC frente al proyecto de jornadas 4×3, y al emplazar sin rodeos a Natalia Díaz por las risas cómplices que —según señaló— tuvo cuando el presidente Chaves se burlaba de él con epítetos. Díaz rechazó esa lectura, pero el señalamiento marcó uno de los cruces más tensos de la noche.
Más allá de esos episodios, el ambiente general fue ameno y productivo, favorecido también por la conducción. Quesada y Cercone intervinieron cuando correspondía, sin intentar robarse el protagonismo, y le imprimieron al diálogo una informalidad bien entendida que bajó el tono y acercó el lenguaje, alejándolo de la jerga tecnocrática que el votante no siempre asimila.
La noche también permitió ver a José Aguilar Berrocal en un registro distinto. En otros debates se le había percibido más cercano al espectro oficialista; esta vez apareció con un tono más centrado, colaborativo y sin temor a reconocer coincidencias con otros aspirantes. En realidad, no fue solo él: la sensación compartida fue que, más allá de matices y programas, todos eran coyotes de la misma loma, obligados a convivir y debatir desde un terreno común que priorizó la conversación sobre la trinchera.
El Debate Apolítico inició con casi una hora de atraso respecto a la hora anunciada y concluyó a las 10 p. m., un detalle logístico que no pasó inadvertido. Aun así, en un calendario saturado de careos, No Pasa Nada encontró un espacio propio: menos estridencia, más diálogo y una puesta en escena pensada desde lo digital, pero con público real como aliado.
Ficha técnica
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Programa: Debate Apolítico: No Pasa Nada
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Fecha: 28 de enero
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Lugar: Teatro Espressivo, Curridabat
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Transmisión: Canales digitales de No Pasa Nada
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Hora: 7:45 p. m. (inició casi una hora después de lo anunciado y terminó a las 10 p. m.)
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Conducción: Karol Quesada y Pietro Cercone
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Producción: No Pasa Nada y Caramba
Esta es la sexta entrega de la serie de reseñas sobre los principales debates mediáticos de la actual campaña presidencial, a cargo del periodista Víctor Fernández para CRHoy.