Antidebate de TD Más: cuando la política bajó el volumen y subió el nivel

Ariel Robles, candidato presidencial del FA; Álvaro Ramos, del PLN; Claudia Dobles del CAC, y Juan Carlos Hidalgo, del PUSC. Foto: Claudia Dobles
El Antidebate, transmitido la noche del miércoles 21 de enero por TD Más, se convirtió, paradójicamente, en el ejercicio más refrescante y efectivo de toda la temporada televisiva electoral. Cuatro candidatos presidenciales compartieron una misma mesa, sin moderadores, repartiéndose entre ellos el uso de la palabra. No hubo careos, ni interrupciones forzadas, ni intentos de imponerse sobre el otro: lo que ocurrió fue, sencillamente, una conversación.
Los participantes fueron Claudia Dobles (Coalición Agenda Ciudadana), Ariel Robles (Frente Amplio), Álvaro Ramos (Partido Liberación Nacional) y Juan Carlos Hidalgo (Partido Unidad Social Cristiana). Sentados alrededor de una mesa blanca, sobre un fondo negro, se alternaron la palabra sin turnos rígidos ni guiones preestablecidos.
Y ahí está la clave del acierto de TD Más. En lugar de empujar al conflicto, el formato apostó por el encuentro en los puntos comunes, por la escucha y por la construcción de ideas desde la calma. En lo general, ha sido el mejor debate de este proceso electoral precisamente porque decidió no comportarse como un debate tradicional.
La puesta en escena acompañó esa decisión editorial. Música incidental mínima, ausencia total de expertos y presentadores y una única presencia fuera de la mesa: una voz en off que se limitó a guiar aspectos formales de la dinámica, sin intervenir más allá de lo estrictamente necesario. Nada de aspavientos, nada de protagonismos innecesarios. Solo contenido.
El Antidebate abordó temas como seguridad, salud y educación, además de dilemas éticos, cultura general y rasgos de personalidad. Más allá de las propuestas, el objetivo fue que la audiencia pudiera percibir a las personas dentro de los trajes proselitistas.
En ese sentido, TD Más mostró otra manera, muy distinta, de entender la televisión. No apostó por sus rostros más reconocibles, que los tiene y de sobra, sino que puso el foco exclusivamente en el contenido (su única autoreferencia fue una pregunta muy forzada sobre la preferencia hacia los periodistas deportivos Christian Sandoval y Gustavo López). Todo esto contrasta con lo visto en otros ejercicios recientes de debates, donde la televisión terminó siendo más protagonista que las ideas.
Sobre el intercambio en sí, fue notablemente efectivo. Quienes seguíamos la transmisión desde casa nos sentimos convidados a la mesa en la que cuatro amigos intercambiaban ideas, como lo hemos hecho todos alguna vez. Y puede ser que no siempre estemos de acuerdo con todo lo que nuestros amigos piensan o proponen, pero no por eso vamos a dejar de escucharlos.
El Antidebate se cimentó, sobre todo, en la empatía. En la que surgió cuando los cuatro compartieron sus vivencias como usuarios de la Caja Costarricense de Seguro Social: el relato de Claudia al despedirse de su hijo antes de una cirugía; el de Ariel al acompañar recientemente a su suegra al servicio de oncología —"no tengo cómo pagarles", una frase que resuena en cualquier hogar que conviva con el cáncer—. También hubo empatía hacia Álvaro cuando contó, ante una pregunta ligera sobre canciones de karaoke, que no puede vivir la música igual que los demás debido a su discapacidad auditiva.
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La dinámica estuvo muy bien diseñada desde el inicio. Hubo rompehielos en los que todos nos vimos reflejados: saber cuán saprissistas o liguistas eran los candidatos; ponerlos a hablar de helados —con Dos Pinos como gran ganadora de la noche, especialmente con los chistes alrededor de la paleta Pinito—; el pulso entre el Big Mac y el cantonés (sorry, McDonald's); y hasta llegar a un tono tan distendido que pudieron hablar de si se quedaban con una Imperial o un Cacique (sorry, Fanal). Hubo risas, camaradería y chistes internos que todos entendimos —ese "ese no vino" cuando hablaron de antivacunas—, y la noche pasó de iniciar con "don" y "doña" a un voceo legítimo, con todos llamándose por su nombre, sin formalidades.
El Antidebate también ayudó a entender mejor las personalidades de cada uno. Ariel fue el de la fisga, el que no deja que la bola caiga al suelo y quien suele tener las mejores salidas —genial aquello de que era más fácil encontrar la paleta Pinito que a Laura en un debate—. Juan Carlos, dicharachero, sería un excelente conductor de programas de entrevistas: de todos, fue quien mejor manejó la palabra y el tiempo. Álvaro, siempre analítico —hay que decirlo: es un gran nerd—, quizá fue a quien más le costó mostrarse distendido, por lo que cuando lo logró su sonrisa se sintió genuina. Y Claudia apareció en su versión más transparente y amena.
En cuanto a los temas de fondo, lo esperable: abundancia de coincidencias, algo que no debería extrañar a nadie. Bien lo explicó Robles en uno de los pasajes más importantes de la noche: si la gente percibe que los cuatro plantean lo mismo es porque existe claridad sobre lo que hay que hacer.
Un detalle no menor estuvo en los cortes del programa. La televisora optó por no incluir pauta comercial, dejando sin duda plata sobre la mesa y cerrando la puerta a recibir publicidad tanto de los candidatos presentes como de los ausentes, algo que sí ha sido la tónica en otros debates. En su lugar, la producción echó mano de una colección de videos motivacionales que Teletica ha producido a lo largo de los años: videoclips musicales con imágenes que evocan lo lindo de ser tico, que recuerdan la importancia de construir esperanza y, también, de salir a votar. No sé a ustedes, pero en medio de una temporada electoral tan densa, volver a escuchar la voz del recordado Fidel Gamboa fue como un abrazo. Bien jugado, sin duda.
Este Antidebate también permite leer con mayor perspectiva toda la temporada de debates desde el punto de vista televisivo. Está el atrevimiento de ¡OPA!, que convirtió su ejercicio en una especie de show de variedades, aunque sin perder la mira en el contenido político; Extra TV, que si bien apostó por un formato más tradicional, exhibió otros músculos al resolver un problema técnico en vivo frente a todo el país; y ahora TD Más, el hijo joven de Teletica, que decidió lanzar el manual de la televisión política por la ventana.
Lo irónico es que buena parte de esa receta clásica se ha construido históricamente desde Canal 7. Sin embargo, fue TD Más quien se animó a simplificarlo todo: una mesa, cuatro personas, reglas claras y confianza en la conversación. Algo tan sencillo y práctico que cuesta creer que nadie lo hubiera ejecutado antes.
Después de esto, la barra queda altísima para las televisoras que aún tienen pendientes sus debates presidenciales. Es de esperarse que Repretel y Teletica, las más tradicionales del país, se apeguen a formatos similares a los que ya hemos visto antes. Sin embargo, ojalá los efectos del Antidebate se extiendan más allá de la contienda del 2026, porque anoche todos —políticos, productores y audiencia— entendimos que cualquier receta puede ser mejorada e incluso superada.
Desde luego, este ejercicio no habría sido exitoso de haberse incluido a otros aspirantes presidenciales cuyo mensaje se apoya en un lenguaje confrontativo, de ataque y descalificación. El Antidebate fue posible, por diseño, porque se escogieron cuatro candidatos que, extraídos del ambiente de choque que ha contaminado a la política costarricense en los últimos años, pudieron volver a su rol habitual de gente tranquila, como la mayoría de nosotros. Se nos había olvidado lo bien que se siente hablar de política sin tener de fondo a alguien pegando gritos.
Ojalá que este tipo de apuestas televisivas dejen atrás aquellas referencias nefastas de campañas y debates en los que algunos candidatos llegaban con enjuagues bucales, escobas y demás ocurrencias para provocar "impacto". Anoche quedó claro que no hace falta el ruido, el insulto ni la pirotecnia para generar atención: basta con una mesa, una conversación honesta y la voluntad de escucharse.
Como sumario de la noche, Claudia —perdón por la confianza, pero ustedes empezaron— publicó en sus redes una foto junto a Ariel, Álvaro y Juan Carlos, que se viralizó en cuestión de minutos. "Los Avengers", escribió al pie de la imagen. El que entendió, entendió.
Ficha técnica
Antidebate: Sepamos ser libres
Fecha: 21 de enero
Canal: TD Más, Teletica Radio y YouTube
Hora: 8:00 p. m. (se extendió por dos horas)