La historia de David López: Un infarto por fumar y vapear que cambió su vida

La historia de David López Guardado refleja una realidad cada vez más frecuente: el impacto del fumado en la salud de personas jóvenes. Su relación con el cigarro comenzó a los 12 años, cuando lo probó por primera vez y, con el paso del tiempo, lo incorporó de forma habitual en su vida.
A los 34 años, intentó dejar el tabaco mediante el vapeo, convencido de que era una alternativa más segura. Sin embargo, el resultado fue el contrario: combinó ambas prácticas, aumentando su consumo de nicotina. Eventualmente, regresó únicamente al cigarro, consolidando una dependencia cada vez mayor.
Su rutina diaria giraba en torno al fumado. Tras su jornada laboral, solía sentarse en el patio de su casa con una taza de café, donde en apenas 30 minutos podía consumir más de 12 cigarrillos. La ansiedad era un factor constante, y fumar se convirtió en su principal mecanismo para intentar controlarla. La dependencia era tal que, al notar que le quedaban pocos cigarrillos, salía de inmediato a comprar más.
Con el paso del tiempo, comenzaron los primeros síntomas. Un cansancio intenso apareció durante sus caminatas diarias de aproximadamente tres kilómetros. Aunque la fatiga desaparecía a los pocos minutos, David no le dio mayor importancia y optó por disminuir el ritmo. Para entonces, ya fumaba más de una cajetilla y media al día.
Todo cambió un día en que la fatiga no cedió, ya que tras una noche con malestar persistente, acudió al hospital. En un inicio, temía padecer cáncer de pulmón debido al dolor en el pecho. No obstante, tras varios exámenes, incluido un electrocardiograma, los médicos confirmaron el diagnóstico: había sufrido un infarto y requería hospitalización inmediata.
Durante su estancia hospitalaria, David fue sometido a un cateterismo de emergencia y recuerda que el médico fue contundente durante el procedimiento: "Espero que no vuelva a fumar, tiene todas las arterias obstruidas por el cigarro".
Estas palabras marcaron un punto de inflexión. Hoy, un año y medio después del episodio, se mantiene sin fumar. Aunque reconoce que se le explicó el alto costo económico del procedimiento, asegura que nada se compara con el impacto en su salud y su vida, especialmente a una edad tan temprana.
El proceso de dejar el cigarro no fue sencillo; David describe los días en el hospital como un "calvario" debido a la abstinencia de nicotina. Tras recibir el alta médica, fue referido a una clínica de cesación de tabaco, a la que inicialmente se mostró reacio a asistir. Sin embargo, decidió continuar el tratamiento y hoy lo considera una de las mejores decisiones de su vida.
Gracias a la terapia y a la rehabilitación cardiaca, logró adoptar hábitos más saludables, incluyendo una mejor alimentación, hidratación y actividad física. Además, comprendió que su dependencia era una enfermedad: una adicción a la nicotina y a sus efectos en el cerebro.
"Al principio, el no fumar era una sensación terriblemente dolorosa; me sentía fatal, como si hubiera perdido un miembro del cuerpo. La adicción es algo muy pesado, pero con el tiempo empecé a notar los efectos positivos. El cuerpo responde mejor al ejercicio, a los aromas; en realidad, uno se siente mucho mejor. Se necesita valentía para dejarlo, y yo nunca la tuve hasta que me encontré entre la espada y la pared", relató López.
De acuerdo con la doctora Melissa Rodríguez Israel, cardióloga del Hospital San Vicente de Paúl, el fumado tiene efectos directos y progresivos sobre las arterias. Sustancias como la nicotina, el monóxido de carbono y miles de compuestos tóxicos dañan la capa interna de los vasos sanguíneos, provocando inflamación.
Esta inflamación favorece la formación de placas ateroescleróticas, compuestas no solo por colesterol, sino también por grasas, células inflamatorias y calcio. Estas placas pueden volverse inestables y, al romperse, generar coágulos que bloquean el flujo sanguíneo hacia el corazón, provocando un infarto.
La especialista advierte que el cigarro acelera el envejecimiento de las arterias y promueve la aparición temprana de estas placas, incluso en personas jóvenes. En estos casos, el daño suele ser mayor, ya que el organismo no ha desarrollado mecanismos compensatorios como la circulación colateral.
En cuanto al vapeo, la doctora es enfática: no se trata de una alternativa segura. Los líquidos utilizados contienen sustancias proinflamatorias que afectan tanto los pulmones como el sistema cardiovascular.
"Para mí, como especialista en cardiología, fumar y vapear es lo mismo", concluyó Rodríguez.
Ante este panorama, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) desarrolla durante el mes de mayo una campaña enfocada en la prevención del fumado y el vapeo, especialmente en población joven.
La institución recuerda que las personas menores de 40 años y son fumadoras tienen 5 veces más probabilidades de sufrir un infarto que las que no fumadoras.
El objetivo es generar conciencia sobre los riesgos reales de estas prácticas, que, como evidencia el caso de David, pueden tener consecuencias graves incluso antes de los 40 años.