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El método A.T.E.I.A.

Por Agencia / Redacción | 11 de Nov. 2024 | 4:35 am

Él estaba mal, muy mal. Lo notaba su familia, sus amigos y muy particularmente su profesor. Aquel joven tenía varios días sin dormir, había dejado de comer y aunque no lo hubiera comunicado, sus ganas de vivir habían disminuido con preocupación. Desde que su novia había terminado la relación, el gusto por la vida parecía ir disminuyendo día con día. El desgaste físico ya era evidente, tanto que daba ocasión para comentarios irrespetuosos. Lo que aparecía como una existencia llena de ilusiones, alegrías, proyectos y amor, se había acabado de un día para otro con aquel mensaje de texto: "ya no más". ¿Cómo era tan fácil que la vida cambara así de pronto? Donde antes había motivación, ahora solo existía incertidumbre.

Si bien su familia y amigos quisieron hablarle, lo cierto es que fue el docente quien tuvo la capacidad de escucha y quien encontró las palabras adecuadas para abordar el problema, "tienes que buscar ayuda" le dijo. Para ello le sugirió visitar a cierto personaje de la comunidad que tenía fama no solo de buen escuchador sino de gran consejero. Así que con más escepticismo que ninguna otra cosa decidió seguir la recomendación del maestro.

El diagnóstico fue claro y preciso "te han roto el corazón". ¿Y cómo lo supero replicó el joven? Tienes que seguir el método A.T.E.I.A. dijo el instruido interlocutor. Su eficacia es alta, pero el proceso requiere de mucha paciencia, pues, aunque su duración difiere de una persona a otra, por lo general sus beneficios no son inmediatos. Y a continuación le explicó lo siguiente:

La "A" significa aceptación, que no es lo mismo que la resignación. La vida hay que asumirla como viene, con lo positivo y con lo negativo, lo agradable y lo desagradable. Si un día nos tocan las maduras, hay que recibir también las verdes. Hay que prepararse para el amor, y para el desamor de igual manera. Es en la forma en que se gestionan los sentimientos donde está el éxito para seguir adelante. La resignación, por el contrario, es conformarse a lo que sucede y renunciar al cambio como posibilidad lo que produce estancamiento.  La negación y la evasión serán los enemigos por evitar.

La "T" es tiempo. Así como las heridas del cuerpo necesitan tiempo para sanar, las del corazón y las del alma también. Además del tiempo cronológico existe también el tiempo psicológico. Cuando se pasa bien, el tiempo vuela; cuando se está mal, el tiempo se ralentiza. Dar tiempo al tiempo, significa esperar la oportunidad para encontrar la solución y la resolución para enfrentar las adversidades. La sanación es un proceso, y como tal hay que respetarlo. La paciencia es una virtud muy venida a menos que es necesario rescatar.

La "E"" representa a la esperanza. Siempre es necesaria una actitud o una perspectiva positiva de que sucederán cosas buenas. Las rupturas también significan nuevas oportunidades, no de sacar un clavo con otro clavo, sino de crecer en otros ámbitos de la vida: viajes, lecturas, estudios y por qué no, nuevos afectos. Para que la esperanza sea realista, también hay que trabajarla. Un viaje de diez mil kilómetros empieza con un paso. La visión de túnel munchas veces no deja observar el horizonte de posibilidades de crecimiento, y la esperanza bien puede ser ese aliciente para ensanchar la mirada en lontananza. También es fuente de fortaleza y perseverancia para seguir adelante y de consuelo en los momentos de dificultad, dolor y sufrimiento.

La "I" significa Ilusión, no como espejismo sino como posibilidad de alcanzar lo mejor en diversos ámbitos de la vida. Ilusionarse es cultivar la imaginación con todo aquello que se nos haga atractivo en cuanto a lo noble, lo bello y lo justo.

La "A" es la amistad. Cultivar nuevas amistades o retomar las antiguas es de gran ayuda, sobre todo si son de aquellas que suman, porque las otras, no son amistades, "quien ha encontrado un amigo, tiene un tesoro" enseña el libro del Eclesiástico. Esos amigos pueden ayudar a distraerte, a compartir el tiempo que no se sabe cómo invertir, y lo más importante, son capaces de fortalecerte con su afecto desinteresado.

Ciertamente, aquel sabio no dio al joven "la pomada canaria" para el dolor del corazón (o para cualquier otra pérdida), pero sí le dio al menos, algo en qué pensar.

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