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Así puede impactar a la economía costarricense el elevado precio mundial del petróleo

Por Alexánder Ramírez | 9 de Mar. 2026 | 10:40 am

Foto: AFP.

El barril de petróleo WTI, referencia estadounidense del mercado, superó este domingo los $100, un precio que no se veía desde julio de 2022, impulsado por la guerra en Medio Oriente.

El barril de West Texas Intermediate (WTI) para entrega en abril había aumentado un 17,87 % hasta los $107,14. Posteriormente alcanzó los $111,24 y luego retrocedió ligeramente.

Desde el inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, el WTI se ha apreciado un 60 %, algo nunca antes visto en un período tan corto.

¿Cómo impacta el encarecimiento del precio del barril de petróleo a la economía costarricense?

El economista Daniel Ortiz, socio director de la firma Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa), explicó que el aumento del precio internacional del petróleo por encima de los $100 por barril tiene implicaciones importantes para una economía como la costarricense, que depende en gran medida de la importación de hidrocarburos.

Cuando el precio del crudo se eleva, también aumenta la factura de importación de combustibles del país, ya que se requieren más dólares para financiar esas compras externas.

Esto tiende a ejercer presión sobre el mercado cambiario porque se incrementa la demanda de divisas y puede traducirse en mayores costos para sectores intensivos en transporte, logística y producción.

A nivel interno, el encarecimiento de los combustibles suele trasladarse gradualmente a otros precios de la economía, generando presiones inflacionarias.

"En el contexto actual de Costa Rica, este fenómeno adquiere, además, un matiz particular, ya que la economía ha experimentado un período prolongado de inflación muy baja o incluso negativa, en parte asociado a la apreciación del tipo de cambio. Por ello, un aumento en el precio del petróleo podría contribuir a revertir parcialmente esa dinámica al introducir presiones al alza en los precios internos", detalló Ortiz.

Alarma

El conflicto en Medio Oriente mantiene encendidas las alarmas en los mercados energéticos y en las cadenas de suministro globales, cuyos efectos podrían sentirse con rapidez en economías pequeñas y abiertas como la costarricense.

El impacto inmediato se ha trasladado a los precios internacionales del petróleo y el gas y, con ello, al sistema logístico que sostiene el comercio mundial.

El estrecho de Ormuz concentra cerca del 20 % del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. Se trata de uno de los principales "cuellos de botella" del planeta, ya que es una franja marítima estrecha por donde transitan diariamente decenas de buques petroleros que abastecen a Asia, Europa y América, explicó Ricardo Ruiz, docente de Ingeniería en Cadena de Suministro y Logística de la Universidad Fidélitas.

Irán ha insinuado la posibilidad de restringir el tránsito en la zona. Aunque analistas internacionales consideran improbable un cierre total, por sus elevados costos políticos y militares, varias navieras y compañías energéticas comenzaron a redirigir rutas o a reforzar sus protocolos de seguridad. El solo riesgo de interrupción ha bastado para generar volatilidad.

Energía y transporte más caros

Para economías importadoras netas de combustibles, como Costa Rica, el encarecimiento energético tiene un efecto dominó.

El país depende en gran medida de la importación de hidrocarburos para el transporte, la industria y parte de la generación eléctrica.

Un alza sostenida en los precios internacionales presiona las tarifas de combustibles, incrementa los costos logísticos y termina trasladándose a los precios finales de bienes y servicios, en función de cuánto dure la guerra, agregó Ruiz.

En América Latina, donde muchas cadenas productivas aún dependen del transporte marítimo intercontinental —especialmente en sectores como alimentos procesados, dispositivos médicos, manufactura liviana y tecnología—, el impacto puede sentirse en plazos relativamente cortos.

El aumento de las primas de seguros para buques que atraviesan zonas de riesgo y los desvíos de rutas elevan los tiempos y costos de entrega.

Fragilidad

La crisis vuelve a poner en evidencia una lección aprendida durante la pandemia: las cadenas de suministro globales son eficientes, pero vulnerables.

Sectores como la automoción, la tecnología o la agroindustria dependen de materias primas, componentes y energía que atraviesan múltiples fronteras antes de llegar al consumidor final.

Costa Rica, cuya economía se sustenta en exportaciones de dispositivos médicos, productos agrícolas y servicios empresariales, no es ajena a esa interdependencia.

Un aumento sostenido en los costos de transporte marítimo o aéreo puede afectar la competitividad de sus exportaciones. Asimismo, la importación de insumos industriales podría encarecerse o enfrentar retrasos, detalló el experto en cadena de suministro.

En el caso centroamericano, donde las economías comparten rutas marítimas y proveedores internacionales, el efecto podría amplificarse.

Los puertos de la región, que ya operan bajo presión por congestión y limitaciones de infraestructura, podrían enfrentar nuevos desafíos si se consolidan desvíos globales de tráfico marítimo.

El actual escenario exige medidas preventivas por parte del sector empresarial. Entre ellas destacan la diversificación de proveedores, la evaluación de rutas alternativas, el fortalecimiento de inventarios estratégicos y una mayor digitalización para anticipar disrupciones.

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