Dos cosas ciertas a la vez: El dilema político del “matrimonio” con el gobierno
Imagíneselo: A Ud. le encantan los helados, pero a la vez es intolerante a la lactosa: ¡explosiva combinación! Ud. disfruta de las montañas rusas, pero le teme a las alturas. Ud. es una persona decente y educada, pero se comporta de manera muy agresiva cuando conduce. Quizá le gusta el rock, pero tiene en el oído "ese reggaetón". Los anteriores son únicamente ejemplos; lo que quiero ilustrar es que dos cosas – inclusive aparentemente contradictorias – pueden ser a un tiempo ciertas. Obvio", podría decir alguien por ahí, pero téngame paciencia. Vamos ahora al desarrollo de la idea.
Cuando observamos la idea desde una perspectiva política, este asunto se complica. Cuando el ciudadano emite su voto y su candidato triunfa se genera una especie de "compromiso latente". Es como si el votante se sintiera "casado" con el candidato ganador. Que diríamos casado, atado, maniatado y voluntariamente esclavizado. No importa lo que haga el Presidente: desmanes, errores, bravuconadas, ilegalidades, su electorado lo defenderá, justificará y disimulará. ¿Por qué?
Postulo tres razones. Primero, evolutivamente nuestro cerebro adora la simplicidad. Ver todo en blanco y negro es tan refrescante: buenos y malos, grande y pequeño, arriba y abajo. ¿Para qué complicarse con matices y complejidades? Entonces, el Presidente es un "superhéroe" y sus rivales son "supervillanos" y sanseacabó: lapidaria y satisfactoria conclusión. Pero… hay más. Una vez emitido el sufragio, aceptar que el Presidente mete la pata nos hace cuestionar nuestras pasadas decisiones, como si tuviéramos que apechugar personalmente con las barbaridades de un político. Es absurdo, pero hay quien opta por ser el guardaespaldas personal del Presidente, la Diputada o el Alcalde. Finalmente, creo que estamos ante una curiosa mezcla de deslumbramiento y apego emocional. ¡Somos humanos después de todo! Nos enamoramos perdidamente de nuestras elecciones, como si fueran diamantes en el de nuestros recuerdos.
Y es aquí donde es vital el entender que dos cosas pueden ser ciertas a la vez. Sí, es cierto que Costa Rica necesita "refrescar" a las autoridades de gobierno: bien por eso, bien por su voto. Sí, es cierto que los partidos políticos tradicionales se convirtieron en nidos de corrupción. Sí, es cierto que nuestras instituciones – la CCSS, el Poder Legislativo, el Poder Judicial, etc. – tienen problemas. Sí, es cierto que la macroeconomía está arrojando buenos resultados. Todo eso es cierto. Pero TAMBIEN es cierto que el Presidente de la República no puede comportarse como un matón de esquina, como un machista y un misógino: la figura del Presidente está llamado a ser un modelo de moderación y respeto – ni a nuestra pareja le permitiríamos ese tono y esas formas. También es cierto que necesitamos a la CCSS. También es cierto que la "prensa canalla" que hoy todos critican es la misma que denunció la "trocha", el "cementazo" y la "cochinilla". También es cierto que el gobierno no tiene la menor idea de lo que está haciendo en el área de la educación. También es cierto que el crecimiento del PIB como un todo no está beneficiando a las áreas rurales ni a los sectores más urgidos. Una cosa no quita la otra. Dos cosas pueden ser ciertas a la vez.
De manera tal que no es necesario, no es mandatorio, no es obligatorio que se le apoye y perdone todo al Gobierno únicamente por haberle dado el voto. Todo lo contrario: como en un matrimonio, si hubo votos de fidelidad y amor, pues hay que hacerlos respetar. Deberíamos traerlo "a mecate corto" y llamarle la atención cuando se equivoca, exigirle más y mejores resultados, demandar respeto y formas correctas. Nosotros ya cumplimos con el voto, que cumpla el Presidente y su Gobierno con sus promesas. Lo contrario es aceptar una relación enfermiza, una especie de "Síndrome de Estocolmo" colectivo en donde como sociedad estamos dispuestos a aguantar cualquier cosa solo por haberlos elegido en las urnas. Eso, amigos, eso raya en la locura: ellos trabajan para nosotros. Es hora de exigir lo que es nuestro por derecho – no más zafarranchos ridículos y bravuconadas, lo que urge son resultados y soluciones. Paren el circo, ya estuvo bueno.