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Dos años sin liderazgo político

Al cumplirse dos años de la administración Chaves ha quedado claro que el presidente no tiene las habilidades principales para un liderazgo político trascendental por más que la señora Pilar Cisneros, su principal escudera opine lo contrario y lo defienda a capa y espada. Por esa razón es que el gobierno no tiene dirección y los ciudadanos vemos perplejos cómo la administración se gestiona sin rumbo definido y sin un plan de trabajo concreto.

Por lo anterior y luego de mi trayectoria de casi 40 años trabajando en la promoción y defensa de la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos en América Latina, que no es poca cosa y de cerrar mi ciclo profesional como parte del equipo internacional de la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras, MACCIH de la OEA en 2018-2019, me hago muchas preguntas.

Considero que Chaves nunca se propuso ni siquiera imaginó llegar a ser presidente de la república, eso fue un accidente de la historia por varias razones. Vino a ser ministro de hacienda en medio de su escándalo en el Banco Mundial, aceptó mientras se calmaban esas aguas y volvía al ámbito internacional como burócrata de algún organismo. Siempre visualizo la escena cuando Carlos Alvarado presidente mucho más joven que Chaves y sin mayor experiencia profesional lo despidió, para el ego de Chaves y su recorrido internacional debe haber sido devastador. De repente Chaves se vio sin nada qué hacer.

Era el inicio de la campaña política para las elecciones del 22. Fue cuando Chaves se preguntó si Carlos Alvarado sí por qué yo no y así llegó a Zapote. Un presidente sin partido, que no conocía el país ni quién es quién en Costa Rica, que durante treinta años nunca se ocupó de lo que pasaba acá y que ahora pretende hacer y deshacer en nombre de eso que él llama pueblo y que solo instrumentaliza con fines opacos y de vanidad personal y vengativa, que desprecia nuestra democracia y sus instituciones que aún, cuando tiene defectos es perfectible porque la democracia es una aventura compartida que hay que construir permanentemente en función del respeto irrestricto a la vigencia y cumplimiento de los derechos humanos fundamentales sin distinciones de ningún tipo.

El liderazgo político es una de las piedras angulares de cualquier sistema democrático, es la habilidad de un líder para movilizar, inspirar y dirigir a una nación lo que define el rumbo que tomará un país. Según el Atlántico Instituto de Estudios de España un líder efectivo es aquel que puede equilibrar las demandas inmediatas con las necesidades a largo plazo, se trata de un liderazgo político de calidad.

Para Max Weber un líder es responsable de guiar a otras personas por el camino correcto para conseguir objetivos específicos o metas que comparten, es por lo que el liderazgo trascendental es imprescindible en una sociedad democrática.
Unos rasgos del liderazgo político de calidad son: honestidad; humildad que es aprender, reconocer y corregir errores; capacidad de trabajar en equipo un buen líder sabe que no es experto en todos los campos por eso tiene que delegar funciones a otros para obtener mejores resultados es un rasgo que define a un líder el respeto por sus subalternos y dejarse asesorar y respetar sus criterios técnicos.

Por el contrario, como afirma el profesor de la Universidad Pedro de Olavide Francisco Jiménez- Díaz el líder político fuerte es un mito sociocultural debido a la necesidad humana de aplacar la ansiedad, la incertidumbre y el miedo ante los acontecimientos imprevisibles e inesperados. Mitificar a los líderes, es decir, rendirle culto a su personalidad implica atribuirles cualidades y aptitudes de las que carecen.

Liderazgo y poder están relacionados, pero no deben confundirse. El liderazgo requiere poder, pero no todas las relaciones de poder implican liderazgo. El poder ejercido mediante la pura utilización de la fuerza no es liderazgo, sino coacción y/o violencia y no puede justificarse a largo plazo. Como decía Rousseau el más fuerte nunca lo es bastante para dominar siempre si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.

En las presentes circunstancias de aceleración social y cambio político hay mucho desencanto en torno al liderazgo democrático por lo que muchos dirigentes quedan desfasados. Ello se agrava cuando los dirigentes son poco creíbles, arrogantes, desconocen el contexto e incorporan actitudes personalistas y no adaptativas. Chaves tiene mucho que aprender!

Specialization in Management Skills, The George Washington University

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