Del cartón y la droga a la esperanza: el motivador relato de Natalia
Drogadicción la llevó a perder todo y alejarse de familia, pero encontró un renacer
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A veces la determinación es lo único que queda cuando la billetera de la esperanza está vacía.
Cuando todo parecía que estaba perdido, y la vida transitaba por un oscuro túnel sin salida, Natalia Esquivel se valió de eso para enderezar el rumbo.
Un mal amor la introdujo en el mundo de las drogas. Agobiada por las muertes de su abuela y su madre poco a poco se dejó consumir por una espiral que la fue despojando de todo.
Perdió su trabajo en una ebanistería, luego su casa y por último las cosas que su mamá le había heredado. Esa caída desenfrenada la llevó a vivir más de 2 años en la calle.
Ahí sobrevivió entre cartones, interiores de carros abandonados y aceras. Días enteros sin comer o sin tan siquiera bañarse. Hasta que, cuando todo parecía perdido, se llenó de determinación para espantar esos fantasmas que sacudían su vida.
Natalia nunca la tuvo fácil. Su padre la abandonó a ella, a sus hermanos y a su madre cuando apenas tenía 6 años de edad. A partir de ese momento nada fue igual. Los embates del destino fueron más que agresivos.
Además de la partida de su madre y abuela, reconoce que tampoco tiene la mejor de las relaciones con sus otros 2 hermanos y su propia hija (de 15 años). Es decir, hoy está fuera de su círculo familiar más cercano.
¿Cómo dejó entrar la droga en su vida? Según dice, el consumo empezó junto a un excompañero sentimental y fue visto como "el medio de salida para olvidar los problemas".
"Empecé con marihuana y cocaína, pero pasé por todas las drogas. Al final, de la misma ansiedad, llegué a vender todas las cosas que mi mamá me había heredado antes de fallecer. Como no tenía trabajo, no pagaba el apartamento donde estaba y las pocas cosas que tenía me las llevé a la calle conmigo a dormir en un cartón. Caí tan de lleno en la droga que no me importaba dormir así o vender mis cosas. Si me regalaban comida, la vendía. O, pedía dinero para consumir. Desde que me levantaba, hasta la noche, solo pensaba en consumir", explicó Esquivel, de 33 años y vecina del Paseo de los Estudiantes en San José.
Tras casi 2 años y medio viviendo en la calle, el punto de inflexión llegó un día en el que recordaba a su madre y miraba al cielo en busca de respuestas. En ese momento, supo que tenía que dejar esa mala vida atrás y pasó los 3 días posteriores buscando ayuda.
Dar lucha
Para no hacer la historia tan larga, Natalia, junto con su actual pareja (quien también padecía problemas de drogadicción) recaló en un centro de desintoxicación en Puntarenas. Allá, ambos pasaron mes y medio en tratamiento mediante un programa de reducción de daños. Luego regresaron a San José para comenzar un nuevo camino.
No fue sencillo. La primera noche de regreso a la capital durmieron en un cartón porque no tenían mayores opciones. Posteriormente, buscaron ayuda en el centro de dormitorio de la Municipalidad de San José. Un centro destinado a brindar colaboración a adictos y residente de la calle.
En ese inmueble terminaron de reponerse y, en el caso de Natalia, hubo una oportunidad para trabajar como barrendera del municipio. Ese esfuerzo, de determinación y perseverancia por salir adelante, fue destacado por Johnny Araya, alcalde de San José.
Hoy se gana la vida honradamente. Trabaja de lunes a sábado durante las tardes y por su mente no pasa jamás retornar a vivir en la oscuridad del vicio.
"La rehabilitación fue bastante dura, con muchos ataques de ansiedad. Cuando uno está así no puede tener cóleras o emociones fuertes, pues si es así lo único que se desea es mandar todo por las latas, como dicen popularmente en la calle. Uno desea salir corriendo y pegarse la fiesta", cita Esquivel.
Las pruebas de la vida son duras, pero es claro que la lucha se puede dar. Por ejemplo, Natalia confiesa que entre sus labores diarias como barrendera se han encontrado distintas dosis de drogas. La respuesta ha sido clara: ¡No!
Hoy, los días y noches transcurren muy distintos a aquellas temporadas entre el cartón y la droga. Sin embargo, para ella se debe ir caminando poco a poco en busca de la estabilidad.
"Quiero ganarme de nuevo el cariño de mi hija. No quiero vivir lo que pasé entre la calle y la droga. Hay que agarrarse de Dios. El primer paso es difícil, pero al tomar la decisión se torna más sencillo. Nada más se necesita ayuda", concluyó la joven.
