¿De qué somos culpables los ambientalistas?
Vivimos en la época de la posverdad. De las fake news. Del retroceso.
Volvemos a etapas de la historia que creíamos superadas, como el uso descarnado de la mentira repetida mil veces. Goebbels, el ministro nazi de propaganda, fue el maestro del uso sin tapujos de la mentira. Del miente, miente, que algo queda. La mentira como arma en la disputa de la mente de la gente.
Es claro que quienes usan esta estrategia saben que lo que dicen es mentira. Lo más grave es que no les importa. Todo se vale para lograr sus objetivos de construir una realidad de fantasía y convencer a la mayor cantidad de gente posible de que viven en ese mundo de fantasía. Que crean lo que ellos quieren que crean.
El punto débil de la estrategia de la mentira es, les guste o no, que la realidad es terca. Más temprano que tarde se termina imponiendo, muchas veces a costa de enormes daños a gente inocente y a nuestra Casa Común.
En nuestro país, el gobierno actual, encabezado por Rodrigo Chaves, se convirtió en el principal exponente de la mentira descarada. Su fin, hacerle creer a sus seguidores, -y alguna gente incauta, de buena fe-, que viven en el mundo de fantasía que les construyen. Un mundo de fantasía donde todo está al revés. Los inocentes son culpables, los culpables, inocentes, las pavas son culpables de las escopetas y los jaguares del cazador.
Un mundo donde los ambientalistas somos culpables de los daños ambientales y donde los inocentes son los que corrompieron la institucionalidad de este país, poniéndose de acuerdo para llevar adelante un proyecto minero, a través de una empresa cuasi mafiosa, torciendo nuestras leyes, forzando para que se aprobara a como diera lugar, sin importar la destrucción ambiental y el daño a nuestra gente. Una "orquestación de voluntades" al decir del Tribunal Contencioso. Es decir, el inocente crimen organizado, puro y simple, del mundo de fantasía.
¿De qué somos culpables los ambientalistas? Les voy a decir de qué: De evitar que, en lugar de cerros, bosque y agua en Crucitas, Industrias Infinito dejara un mega hueco del tamaño del parque La Sabana, en la que cabría el edificio del Banco Nacional si lo metiéramos dentro. De que nos haya dejado una laguna de relaves de más de dos veces La Sabana, con millones de litros de agua envenenada con cianuro, esperando 500 años para descomponerse, mientras que la empresa estaría solo 10. Lo que sucede hoy en Crucitas está mal, pero es apenas un rasguño de lo que querían y ahora quieren volver a hacer. De eso somos culpables. Estamos orgullosos de haber detenido esa barbarie y lo intentaremos detener de nuevo, con toda la fuerza de nuestra esperanza y amor.
Somos culpables de evitar que, en nuestro Caribe Sur y nuestro Pacífico Sur, sus maravillas naturales sean barridas, para que puedan ser aprovechadas por esta generación y por las próximas. Somos, en mucho, culpables de que a este país le ingresen por turismo, en un año, lo que supuestamente en Crucitas se obtendría en diez. ¿Cuál es el negocio?
En todo caso, si usted es de los que piensa que los ambientalistas somos culpables de algo, pues no tendrá problema de vivir sin agua, o de tener que tomarla envenenada; o de respirar, usted y sus hijos, el aire envenenado. Total, en el mundo de fantasía, todo eso es bueno para la salud.
Abogado, ecologista, exdiputado de la República
