“No es lo mismo este mundo sin su voz”: Luis Enrique Mejía Godoy despide a Adrián Goizueta
Hay amigos en la vida de esos que llenan el alma, de los que se vuelven imborrables y dejan una huella tan profunda en el corazón que resulta difícil de imaginar. Así fue la relación entre Andrés Goizueta y Luis Enrique Mejía Godoy. Para el cantautor nicaragüense, Goizueta no fue solo un amigo, sino un hermano de esos que se llevan para siempre en el alma.
Tras su partida, Mejía no solo recordó a su querido colega, sino que también compartió el profundo dolor que siente al no poder seguir compartiendo la vida con él. Ambos fueron músicos y artistas que marcaron generaciones, proyectando su vasto conocimiento musical a decenas de personas; sin embargo, pocos conocían el amor tan profundo que se profesaban mutuamente.
El fallecimiento de Goizueta tomó por sorpresa a Mejía. No obstante, lo que hoy guarda con más fuerza en el alma son los grandes momentos que compartieron en vida. Aunque se despidió de su entrañable amigo a través de redes sociales, también expresó con mayor profundidad lo que Goizueta significó para él, evocando anécdotas que el tiempo jamás podrá borrar.
Fue en 1967 cuando Mejía llegó a Costa Rica en busca de continuar con su música. Seis años después, se dio cuenta de la llegada al país del argentino-costarricense Adrián Goizueta. Sin pensarlo, tuvo la oportunidad de encontrarse con él en el Centro de Cultura Popular, recinto donde Mejías, junto a otros músicos, realizaba actividades con cantautores de la llamada Nueva Canción Costarricense.
Cuando Goizueta llegó, de inmediato se estableció una química y una conexión especial con Mejía. La relación se volvió cada vez más estrecha: "Por cosas de la vida, él y yo comenzamos a ser muy amigos, entrañables amigos, y a partir de ese momento y hasta el día en que él partió hacia las estrellas, hasta el último día que nos vimos, fuimos amigos del alma", comentó Mejía a CR Hoy.
Su vínculo fue tan cercano que ambos llegaron a conocer a sus respectivas familias e incluso viajaron juntos a sus países natales, recorriendo lugares que hoy viven en su memoria como recuerdos imborrables.
Adrián no solo aportó a Mejía un sólido conocimiento teórico, sino que le transmitió ese amor profundo que solo un artista puede dejar a través de su cultura y su arte. Ese legado no fue exclusivo para Mejía, sino que también alcanzó a cientos de jóvenes costarricenses, a quienes formó como profesor en la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA).
Cuando Goizueta inauguró el grupo experimental, Mejía no se quedó atrás. Juntos realizaron extensas giras de más de 15 conciertos y recorrieron varios países. La agrupación estaba conformada por jóvenes, muchos de ellos egresados del Conservatorio Castella, a quienes Goizueta ayudó a formar, entre ellos Fidel Gamboa, integrante de la reconocida banda Malpaís.
Para Mejía, Goizueta no fue únicamente su compañero de banda o de proyectos musicales, sino su amigo del alma
Nosotros no éramos amigos músicos, éramos amigos entrañables: de compartir comida, tragos, contradicciones, discusiones. Compusimos canciones juntos, viajamos juntos y, aunque yo soy mayor que él, esa diferencia nunca importó; éramos cómplices en todo. Éramos hermanos del alma y compartíamos muchas cosas que no tenían que ver solo con la música, sino con la poesía, el arte, la cultura y los sueños, relató a este medio.
Uno de los recuerdos que Mejía jamás olvidará ocurrió cuando cumplió 60 años. Junto a su esposa, el hoy fallecido artista le organizó un concierto sorpresa en el Teatro Popular Melico Salazar. Sin saberlo, pensó que asistiría a un ensayo común, pero al ingresar se encontró con miles de personas esperándolo, mientras Goizueta dirigía una orquesta con músicos invitados: "Yo siempre le dije que nunca se lo iba a perdonar, pero que siempre se lo iba a agradecer, porque fue algo demasiado emocionante para mí", contó.
Uno de los datos más curiosos de esta amistad es que ambos adoptaron una especie de triple nacionalidad simbólica, a la que llamaban "nicargentinos", una identidad que, según Mejía, selló aún más su hermandad.
Con un último y emotivo mensaje, Mejía resumió lo que sentía por Goizueta.
Yo digo que Adrián pasó por esta vida como un ángel rebelde, dejando una huella profunda, haciendo el bien y defendiendo las causas justas y nobles. Hoy es extraño no poder llamarlo ni enviarle un WhatsApp. Para mí es un día muy raro. Me pregunto en qué planeta o galaxia estará. Aquí todo sigue igual, pero no es lo mismo este mundo sin su voz y sin su ternura, concluyó el artista.





