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Cultura

La boda Bolaños en Santo Domingo: Padre, ¿me caso con mi prima?

Todos sabían que los Bolaños eran muchos...

Santo_Domingo_de_Heredia

Algunos en la hermosa ciudad de Santo Domingo de Heredia aún recuerdan esta boda. (Foto Wikipedia Commonns).

¿Recuerda usted los nombres y dos apellidos de sus cuatro abuelos y sus ocho bisabuelos? ¿Dónde vivían, de dónde eran, qué hacían? ¿Y qué sabe de sus 16 tatarabuelos?

Si sabe poco de su parentela, debería preocuparse…  Conozca la historia de estos dos heredianos que compartían el amor… y el apellido.

Maximino y Salvadora se hicieron todas esas preguntas cuando planeaban contraer matrimonio en Santo Domingo de Heredia, hace más de un siglo. Esta es la verídica historia contada por su nieto.

 

Se querían casar... pero los dos eran de apellido Bolaños. Maximino Sánchez Bolaños y Salvadora Bolaños Palma.

Se querían casar… pero los dos eran de apellido Bolaños. Maximino Sánchez Bolaños y Salvadora Bolaños Palma.

Las viejas de su parentela -chaperonas infaltables- aseguraban que los novios eran primos "algo" y que Maximino y Salvadora tenían obligación de solicitar un permiso especial al señor obispo para poder casarse.

Los pretendientes fueron y hablaron el asunto con el cura interino de Santo Domingo, el padre Benito Sáenz. Don Benito tomó nota y envió una carta al obispo de San José, don Juan Gaspar Stork Werth. Éste le pasó la comisión a su vicario, don José Zamora.

Zamora respondió el 22 de abril de 1912: "Nos, el doctor José Zamora, protonotario apostólico y vicario general por el ilustrísimo obispo de Costa Rica, al cura de la parroquia de Sto Domingo".

Isidro Sánchez

El autor, Isidro Sánchez, es periodista y aficionado a la Genealogía.

Dispensamos  el impedimento de consanguinidad -dijo Zamora- en cuarto con tercer grado por línea colateral desigual con que se hallan ligados Maximino y Salvadora y les declaramos legítima la prole que tuvieren".

Y agrega que el obispo Stork otorga el permiso "para que puedan contraer matrimonio entre sí y permanecer en él, con tal de que Salvadora no haya sido robada o que habiéndolo sido no exista en poder del raptor".

El expediente matrimonial No. 529 que se conserva en el Archivo Eclesiástico Monseñor Thiel -junto a la Capilla de Las Ánimas en San José- abre con las declaraciones prenupciales y la solicitud de dispensa de Maximino y Salvadora.

El pretendiente Maximino se dice de 34 años, soltero, jornalero, hijo legítimo de Francisco Sánchez y María Bolaños y afirma que es pariente de la novia porque los dos tienen un antepasado en común, Ignacio Bolaños, bisabuelo suyo y tatarabuelo de Salvadora.

La pretendida Salvadora, por su parte, se declara de 24 años, de oficios domésticos e hija legítima de Francisco Bolaños y Luisa Palma. Y repite la versión del parentezco que la une a Maximino.

Maximino -el único de los dos que firma, con buena letra- justifica la solicitud de dispensa "por las causales siguientes". Primera: "En esta población de Santo Domingo es muy grande la famila Bolaños, por lo que es difícil casarse bien sin ser de esta familia en algún grado".

Y segunda, que Salvadora "es ya de 24 años y no se le ha presentado un pretendiente que le convenga". O mejor dicho, Maximino sostiene que a la novia ya la dejó el tren.

Salvadora calló, pero bien pudo decir lo mismo del novio: que ya había cumplido los 34 y olía a solterón, según los usos y costumbres de la época.

Por fin, Maximino y Salvadora logran casarse tempranito en la mañana del miércoles 24 de abril de 1912, cuando se divulgaban en Costa Rica los detalles de la tragedia del Titanic, ocurrida doce días antes.

Los novios se tomaron una foto, hubo mucha comida, tragos y algo de pólvora y música.

Al día siguiente los padrinos de la boda, Juan María Arce y Filadelfo Rodríguez, con una comitiva de parientes, fueron a encaminar a los recién casados, que salieron de Santo Domingo a caballo rumbo al este, pasando por San Luis y San Jerónimo, hacia la finquita que tenía Maximino en las montañas de Platanales de Santa Rosa de Moravia, a pocos metros de donde vivía el papá del presidente Luis Guillermo Solís.

La finca de Maximino, desde entonces, se llamó La Salvadora y ahí nacieron los siete hijos del matrimonio. Ninguno salió con rabo de chancho.

Los antepasados comunes de Maximino y Salvadora fueron Ignacio Bolaños Ramírez y Fructuosa Gonzáles Loría, casados en Heredia el 20 de agosto de 1804.

Fructuosa era nieta de don Manuel González y doña Petronila Quesada, los que vivían detrás de la parroquia de Heredia y que tuvieron el famoso pleito con el cura Azofeifa por esa propiedad, en 1775.