Cuando una nación invierte en la educación y profesionalización de sus ciudadanos, cultiva la soberanía
La independencia de Costa Rica, alcanzada en 1821 junto con otras naciones centroamericanas, marcó un hito importante en la historia de la nación al liberarla del dominio colonial español y permitirle tomar control sobre su propio destino. Este momento también trajo consigo la necesidad de construir una nación estable y próspera. Al invertir en educación, Costa Rica pudo enfrentar los desafíos de la posindependencia y construir una sociedad más sólida y equitativa.
A medida que Costa Rica buscaba establecerse como una nación independiente, fue la profesionalización y habilidades de las personas en campos como la educación, la ingeniería, la medicina, la administración pública y otras áreas, la que permitió que este país levantara una base sólida para su futuro, al enfrentar los desafíos de desarrollo económico, administración gubernamental, planificación urbana, prestación de servicios esenciales y la gestión de los recursos naturales que disfrutamos hoy.
La independencia de una nación se cincela con el conocimiento
Hoy, en un mundo de avances tecnológicos y transformaciones globales constantes, es esencial una población educada y hábilmente profesionalizada para competir en un escenario internacional desafiante, abrazando áreas como la inteligencia artificial, automatización y digitalización. Esto no solo garantiza una fuerza laboral calificada, sino también promueve la generación de nuevas ideas y la creación de industrias emergentes.
La inversión en educación empodera a individuos y permite a la nación enfrentar con confianza los desafíos y oportunidades de la Cuarta Revolución Industrial. Las nuevas generaciones necesitan orientación para tomar decisiones informadas y alcanzar independencia en todas las facetas de sus vidas, incluyendo la económica, intelectual, emocional y social. Esta formación comienza en el hogar, donde se deben fomentar valores esenciales como el respeto, la tolerancia y la solidaridad, así como construir autoestima y autoconfianza.
Desconectar para conectar de nuevo
Dejemos la obsesión por los dispositivos electrónicos que nos sacan de la vida real, miremos a los ojos, abracemos, conversemos e interactuemos físicamente con nuestros seres queridos. Dediquémosle tiempo a la comunicación con los hijos, démosle consejos, alineémoslos cuando lo requieran, reconozcámosle lo bueno, démosle cariño, escuchémoslos y brindémosle apoyo emocional, así como la oportunidad de enfrentar y superar obstáculos que contribuyan a construir su autoconfianza.
Las nuevas generaciones requieren una educación que vaya más allá del conocimiento académico y que incluya habilidades prácticas como la resolución de problemas, el manejo de las frustraciones, la toma de decisiones, la comunicación efectiva y la gestión financiera. En las aulas se deben ofrecer los programas educativos que fomenten en ellos el aprender haciendo, el pensamiento crítico y la aplicación práctica de conocimientos.
Un aspecto que resulta vital en nuestra sociedad es enseñar a los niños y jóvenes sobre la gestión del dinero, la inversión, el ahorro y la planificación financiera, pues esto les permite tomar control de su situación económica y tomar decisiones informadas que contribuyen a su vez con una mayor estabilidad económica y reducción de la pobreza, lo cual impacta positivamente la sociedad.
Proporcionarles responsabilidades graduales, estimular la exploración de sus intereses y pasiones y fomentar su independencia profesional son pasos clave para empoderar a las nuevas generaciones.
Una población educada y profesionalizada está mejor preparada para participar en la economía global, acceder a empleos de calidad y contribuir a la innovación y el crecimiento económico, fortaleciendo así la independencia y el autogobierno de la nación.
La verdadera soberanía de una nación reside en la educación y profesionalización de su gente, quienes construyen el futuro con conocimiento y pasión. Fomentar la innovación y el desarrollo tecnológico permite crear un ecosistema empresarial saludable, atraer inversiones y generar empleos de alta calidad, contribuyendo al crecimiento económico y fortaleciendo la independencia de la nación.
En la era de la Industria 4.0, la independencia futura de un país se basa en su capacidad para liderar en la innovación y el desarrollo tecnológico, por eso es necesario estimular las carreras y habilidades STEM.
La educación es el camino hacia la independencia, afirmó Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos. Es hora de invertir en las mentes de las generaciones venideras, de modo que podamos continuar construyendo un mundo mejor para todos. La educación es la antorcha que nos guiará hacia un futuro más brillante; solo tenemos que tomarla y mantenerla encendida.