Cuando se sube por la ladera del crimen (1ra parte)
En el Mito de Sísifo, el protagonista es condenado a un cruel castigo: arrastrar una piedra enorme desde el suelo hasta la cima de una montaña y cuando se está a punto de llegar a ella, la piedra siempre desciende, haciendo que Sísifo deba repetir la faena una y otra vez.
El mito se ha utilizado para destacar la inutilidad de la política (antigua Roma) o el absurdo de la vida (en la versión de Albert Camus).
Hay quien dice que la lucha contra el crimen es como la lucha de Sísifo por alcanzar la cima. Cuando se alcanza la cima (bajar la criminalidad), nos vemos obligados a verla crecer de nuevo, en una batalla sin fin. ¿Será verdad?
Por lo pronto, conviene advertir que muchos países no han dejado que la criminalidad suba la ladera, y otros muchos países han logrado que la criminalidad descienda sosteniblemente por varias décadas. La ciudad de Nueva York, por ejemplo, a inicios de los años 90s tenía una criminalidad tres veces mayor que la de Costa Rica. Hoy la tiene tres veces menor. La de ellos cayó sin volver a subir sensiblemente; mientras la nuestra ha crecido exponencialmente (sobre todo en estos dos últimos años), sin que las caídas momentáneas se hayan sostenido.
En nuestro país, los datos de criminalidad (especialmente los relativos a la cantidad de víctimas de homicidio), han subido radicalmente. En términos absolutos, hemos pasado de 163 en el año 1993, a prácticamente 900 en el año 2023 (proyección de mortalidad previsible, a partir de los datos de criminalidad hasta agosto de este año). En términos relativos, hemos pasado de 4,9 homicidios por cada 100.000 habitantes; a prácticamente 16 homicidios por cada 100.000 habitantes. Es decir, se ha más que triplicado la tasa de homicidios en el país.
Para colmo de males, Costa Rica es el país la América Latina donde ha crecido más la tasa de homicidios durante los últimos dos años, en 2022 y en 2023. Peor aún, la tasa de homicidios de Limón, supera hoy ampliamente la tasa de homicidios en México, Guatemala o Colombia. Se asemeja cada vez más a la de Ciudad Juárez en los Estados Unidos Mexicanos.
En casi todos los países de la América Latina, la tasa de homicidios o se ha estabilizado o ha disminuido en los últimos años. Hay excepciones, por supuesto (Venezuela la más destacable, donde la tasa de homicidios ha crecido exponencialmente en las últimas dos décadas); pero en cualquier caso, en los últimos dos años, la tasa de crecimiento de Costa Rica supera a cualquier país de nuestro entorno.
Para compararnos, la tasa de homicidios en los Estados Unidos, aun contando los homicidios masivos que reportan los medios de comunicación, es prácticamente una tercera parte que la de Costa Rica. ¡Qué tristeza y qué coraje!
En el gráfico siguiente, se observa el número de asesinatos de los últimos 33 años.
Las tasas de crecimiento mayores se dan entre el 2006 y el 2009 (Administración Arias), entre el 2014 y el 2017 (Administración Solís), y entre el 2022 y el 2023 (Administración Chávez). Pero el mayor crecimiento absoluto y proporcional se ha dado en este último año.
En cambio, en los períodos 1998-2001 (Administración Rodríguez), 2002-2006 (Administración Pacheco) la criminalidad crece pero mucho menos. Entre el 2018 y el 2021 (Administración Alvarado) y, sobre todo, entre el 2010 y el 2013 (Administración Chinchilla), la tasa de homicidios disminuyó.
La respuesta a la criminalidad no es fácil y enfrenta muchas explicaciones autocomplacientes o exculpatorias:
1) La primera es la que afirma que se trata de un fenómeno internacional. Es cierto que el crimen internacional tienen mucho que ver, pero no es cierto que todos los países padecen lo mismo, pues hay muchos países en los que la criminalidad ha bajado en las últimas décadas (Estados Unidos, Colombia, Guatemala, Honduras, El Salvador).
2) la segunda es la que afirma que se debe al aumento de la pobreza. Aunque el hacinamiento y la pobreza son caldo de cultivo de la criminalidad, no es cierto que la criminalidad de nuestro país ha aumentado por ello, porque en nuestro país la pobreza se ha estancado desde hace 3 décadas (entre el 20 y el 24%) y la criminalidad ha crecido exponencialmente en ese período; por otro lado, en muchos países la pobreza es mucho mayor y la criminalidad es sustantivamente menor (Nicaragua, por ejemplo).
3) la tercera es la que afirma que como las muertes se dan básicamente entre bandas criminales, ello no afecta sensiblemente la seguridad ciudadana del resto de los mortales. Esa excusa, fue la que oíamos hace tres décadas cuando viajábamos a Colombia. Al final, fueron todos los colombianos los que pagaron esa criminalidad.
4) la cuarta es la que afirma que la culpa la tienen los tribunales, porque la policía los detiene y los pone a la orden de los jueces, pero estos los liberan y los absuelven. El argumento encierra algo de verdad, pero no dice todo de ella. En varios países, muchas veces el problema es que la detención no está bien sustentada y los expedientes de pruebas no están bien construidos, con ello lo que se garantiza es que los delincuentes que son llevados ante los tribunales, queden absueltos. Por otro lado, el número de jueces ha aumentado mucho más que la población y en forma proporcional con el aumento de la criminalidad. De hecho, entre el 1990 y el 2020, los jueces por 100.000 habitantes crecieron de 10 a 28; los fiscales de 2 a 11 por cada 100.000. Por otra parte, los habitantes por número de jueces bajaron casi una tercera parte (se pasó de un juez cada 9.965 habitantes, a un juez por cada 3.610 habitantes). Es decir, hoy hay casi 3 jueces más por número de habitantes que en el año 1990. Datos tomados del Estado de Justicia 2022. Los fuerzas de seguridad y policía, en cambio, no han crecido en la misma proporción.
Continuará…
