¿Cuál platina? Con 237 años, el Puente de Mulas conserva las bases
Está en Río Grande, en Atenas

Las bases del puente se levantan desafiantes. Ni los terremotos ni las cabezas de agua han podido con él.
¿Por dónde transitaban nuestros antepasados para comunicarse hacia el norte? ¡Por el Camino de Mulas!
Esta ruta que comunicaba Guatemala con Costa Rica, se empezó a utilizar en 1640. En el sector oeste, que es el que nos ocupa, pasaba por Caldera, Esparza, Orotina, Atenas, Turrubares, Piedras Negras y El Rodeo, en el cantón de Mora; allá por donde está la Universidad para la Paz.
Vamos al puente.
En Costa Rica han ocurrido 55 terremotos desde que se tiene registros y ninguno pudo derribar las bases del puente construido a mediados del siglo XVIII sobre el río Grande, en Atenas.
Hubo huracanes, crecidas del río, cabezas de agua, lluvias durante semanas. Y el paso del tiempo no ha hecho más que adornar esta joya de cuando no había ingenieros, ni cosevis, ni conavis, ni chompipas que llegasen hasta las obras para arrojar toneladas de cemento previamente preparado.
Tampoco había varillas de acero, ni máquinas de soldar. Eran los tiempos aquellos de 1780, cuando los medios de transporte eran el propio cuerpo, un caballo o una mula.
Fue a lomo de mula como se transportaron las cosechas y los productos de exportación como el tabaco.
No había caminos como hoy los conocemos. Se utilizaban trillos abiertos por los indígenas entre la montaña virgen bordeando los cerros y cruzando ríos cuando no había otra alternativa, como en esta historia.
Para la ubicación del puente se eligió el paraje denominado "Peña Rajada" actualmente entre Cebadilla y la estación del ferrocarril en Río Grande. Habitantes de los valles de Barva y Aserrí recolectaron plata para el puente con el fin agilizar la comercialización de sus productos hacia Nicaragua y Panamá así como importar algodón y textiles. También influyó en su construcción el aumento del tráfico de mulas entre el Valle Central y la costa del Pacífico.
Los vecinos de los valles alegaban que diariamente cruzaban el río alrededor de 10 recuas de mulas (recuas: una detrás de la otra) por lo que años más tarde en la década de 1780 se planteó la necesidad de construir el puente sobre el río grande.
Para esta obra el gobernador Juan Flores ofreció destinar 1000 pesos de la renta del tabaco y 500 pesos de los impuestos de alcabalas (una especie de impuesto sobre las ventas en esa época) a fin de fabricarlo de calicanto.
De acuerdo con una información elaborada a finales de 1780, alrededor de 70 personas cruzaban el río por semana.
Pronto los viajeros se quejaron de que había sido construido muy bajo, cerca del cauce del río, por lo que en invierno corría el peligro de ser arrastrado por las aguas. Además según los quejosos, el camino de acceso al puente era una empinada cuesta en la que las mulas arriesgaban a despeñarse. Esa pendiente fue entonces reforzada con puntales de cal y ladrillo.
La cal hizo su trabajo a la perfección. Las bases del puente están ahí. Y las pocas piedras que faltan fueron arrancadas por visitantes. Parte del reforzamiento en la pendiente, está al pie de la montaña, a la orilla del río.
Llegar a los restos del puente requiere de considerable esfuerzo físico. Por entre la montaña se baja por 50 minutos, aproximadamente. Subir cuesta más debido a lo empinado del terreno.
Detalles sobre esta obra los obtuve del libro "Costa Rica en el Siglo XVIII", de Elizabeth Fonseca, Patricia Alvarenga y Juan Carlos Solórzano.
No son estas, por supuesto, las únicas ruinas que se conservan en el país. Están las de la iglesia de Nicoya, construida en 1644; la de Ujarrás, construida en calicanto entre 1686 y 1693; la iglesia de Orosi, de 1767 y la de Quircot, en Cartago cuya fecha exacta de construcción se desconoce.
Estas del Puente de Mulas son mucho menos conocidas.

