Chuck Norris no descansa en paz: la paz descansa en Chuck Norris
Entre patadas giratorias, junglas vietnamitas y memes imposibles, Chuck Norris construyó una figura que nunca necesitó explicación.

Siempre dimos por asumido que en cualquier escenario apocalíptico que lleve al colapso de la civilización humana, fuese una distopía nuclear o una epidemia de zombies, al final, sin importar las circunstancias, sobre la pila de destrucción prevalecería la figura de Chuck Norris con su barba poblada y la camisa suficientemente abierta para ver aquel pelero que le confería la categoría de un "hombre demasiado hombre".
Hoy Chuck, el hombre, pasó al plano astral a los 86 años, pero eso es casi anecdótico, pues todos sabemos que Chuck, la leyenda, ni se despeinó con la noticia. Porque, al igual que la materia, Chuck no se destruye: solo se transforma.
Hoy cualquier aficionado del cine de acción y artes marciales siente su muerte casi y no más cercana que la de un familiar directo. Porque en aquellos años de televisores con antenas, idas al videoclub del barrio para alquilar algo en VHS e idealización de los puñetazos y las patadas, Chuck fue el papá de todos los "machos alfa" del entretenimiento: fueron él, Bruce Lee, Clint Eastwood y Charles Bronson los que abrieron la puerta por la que más adelante pasarían los músculos de Stallone y Schwarzenegger; las piruetas de Jackie Chan y Van Damme; el humor ácido de Bruce Willis y la petulancia de Steven Seagal.
El que no vio a Chuck enfrentarse a muerte con Bruce en el Coliseo Romano ante cualquier Roca se hinca. Hay que entender el peso tremendo que tuvo no solo en nuestra generación X aquel combate legendario de 1972, en The Way of the Dragon, sino también en la de nuestros padres. De mi infancia guardo memorias muy valiosas de sentarme con mi papá y mis hermanos a ver esa voladera de patadas y manazos en aquel escenario tan absurdo como hermoso. Televisión educativa en su máxima expresión.
Desde luego que un joven Norris perdió su enfrentamiento con Bruce Lee, quien en aquel momento era la estrella. Chuck apenas venía construyendo su leyenda, ya como campeón mundial de karate y futuro cinturón negro de décimo grado, la cual extendería luego con The Delta Force y Missing in Action. Su físico era impresionante y su agilidad marcial extraordinaria, pero lo mejor de sus películas siempre fue su actuación monolítica, casi inexpresiva, pues tanto él como nosotros sabíamos que aquel no era cine para los críticos ni los entendidos, sino para la gente, para su gente.
Chuck Norris podía salir armado hasta los dientes que casi que con la mirada le bastaba para hacer explotar todo lo que se le pusiera enfrente. Fue él solo el que rescató el orgullo estadounidense herido por la derrota en la guerra de Vietnam, vengando el fracaso militar de su país en innumerables misiones disparatadas de rescate de prisioneros de guerra en la nación asiática. Sin consideraciones geopolíticas ni menos sociales, Chuck Norris y sus granadas volvían una y otra vez a las junglas del sudeste de Asia para saldar cuentas con "Charlie". Cuánto bambú voló por los aires en nombre de su democracia.

Agotado el boom del cine-machismo de acción de los años 80, Chuck hizo una estratégica transición a la televisión, donde encontró nuevos aires con Walker, Texas Ranger, la serie que lo mantuvo en el ojo público entre 1993 y 2001, durante ocho temporadas. En Costa Rica, la serie fue transmitida una y otra vez por Repretel, y los episodios tendían a contar, más o menos, la misma historia: Chuck, o Walker, botaba puertas a patadas, reducía a la impotencia a maleantes texanos y condimentaba la acción con forzadísimos chistes y one-liners, recitados de memoria con un histrionismo no muy diferente a lo que se ve en una obra de teatro escolar.
Desde luego que nada de eso nos importa, ni tampoco a él: el que quiera buenas actuaciones que vaya a la Sala Garbo o al Magaly a ver algo con Daniel Day-Lewis, que cuando uno se mete con Chuck Norris, sabe a lo que va: si su nombre aparecía en la misma oración que algún Óscar, fue porque le había partido la nariz a Óscar.
Y entonces llegó internet. Y lo que pudo haber sido un retiro discreto se convirtió en otra cosa. Chuck Norris dejó de ser solo un actor: se volvió un formato. A partir de los años 2000, su figura mutó en una avalancha de memes con frases imposibles e hiperbólicas sobre su hombría y su condición de fuerza de la naturaleza. Lo notable no fue solo el fenómeno, sino su reacción: Chuck lo entendió, lo abrazó y lo jugó a su favor. Sus apariciones en pantalla se volvieron esporádicas y estratégicas —Dodgeball, The Expendables 2— porque ya no le hacía falta más exposición: el planeta seguía girando a su alrededor.

Al final, Chuck Norris nunca necesitó reinventarse: el mundo fue el que tuvo que encontrar nuevas formas de explicarlo. Y ahora que "se fue", lo único que cambia es el formato. Chuck Norris no descansa en paz: la paz descansa en Chuck Norris.