Logo
Primary menu

Chaves y su gobierno fallido

El panorama no puede ser más aterrador para una nación que da la espalda a su ciudadanía, mientras impera la chabacanería, los discursos altisonantes, las medias verdades en una clara estrategia de comunicación con el fin de confundir y no asumir las responsabilidades ante el flagelo de inseguridad que se vive en las comunidades costarricenses, en tanto el único interés del presidente Chaves Robles es permanecer en las pasarelas de una popularidad ya perdida.

Mientras a Chaves Robles se le arman operativos cuasimilitares para resguardar su seguridad, se regula el espacio aéreo sobre su residencia privada y se anuncia con bombos y platillos uno que otro decomiso de drogas (nada significativo para esa industria ilegal y posiblemente asumido como merma del negocio) las familias viven temerosas de la seguridad de sus hijos e hijas que podrían ser víctimas colaterales de las constantes balaceras y ajusticiamientos a la luz del día.

Ya no se trata de que "se matan entre ellos", como irresponsablemente afirmó el aún aprendiz de Estadista sentado en Zapote.  Hoy las víctimas tienen rostros de una niña limonense de 4 años y su madre, de estudiantes que asisten a centros educativos, de hombres y mujeres que pasan un rato en una cafetería, de padres y madres que están en un parque o plaza deportiva disfrutando con sus hijos; cualquiera puede ser la siguiente persona en engrosar las estadísticas que han convertido al país en uno de más violentos del mundo en periodo no bélico.

En el tanto nuestras calles se tiñen de sangre inocente, desde el Poder Ejecutivo las excusas siguen siendo la tónica para no tomar las acciones necesarias para enfrentar esta vorágine de violencia.  No se necesita consultar a un vidente para saber por donde viene la procesión, ya que como lo advirtió  en marzo pasado Cynthia Telles, Embajadora de Estados Unidos acreditada en Costa Rica, somos el principal país para el tránsito de drogas hacia América del Norte recordando las advertencias que desde inicios del 2023 hizo el  gobierno de Joe Biden a Costa Rica.

Los números no mienten y menos son canallas: los decomisos de drogas se redujeron un 55% entre el año 2020 y 2022, en el primer año de Chaves lo incautado apenas llegó a 23 toneladas;  y los dólares ingresados ilegalmente bajaron en 60% y 76% en el primer y segundo año, respectivamente. Y ojalá esos resultados sean fruto de la falta de experiencia del neófito equipo que asumió el Poder Ejecutivo tras el triunfo de Chaves Robles, y no porque como sucedió en Honduras y otros países donde las mafias ya infiltraron sus tentáculos en los más altos poderes del Estado.

Hoy, en todas las comunidades se escucha el clamor de los cuerpos policiales, que continua sin ser escuchado y más bien se siguen dando a cuentagotas los recursos para enfrentar al crimen organizado, que al estilo de una narconovela opera bajo un halo protector superior para amedrentar barrios, invertir con relativa libertad en el sistema financiero sus abundantes recursos y comprar armamento digno de un pequeño ejército que supera con creces las fuerzas policiacas y de investigación del Estado.

Por eso los recientes ataques a policías, jueces y fiscales no extrañan, solo era cuestión de tiempo. A este paso pronto las víctimas tendrán nombres de  magistrados, diputados y diputadas de la República, lo que parece que a las autoridades del Poder Ejecutivo, y en concreto al presidente Chaves, le entra como pantalón de payaso, como se le escuchó decir a una famosa señora que vive en Purral mientras contaba monedas para ajustar para la compra de una bolsa de arroz, ese que esperaba bajara de precio como se le prometió.

No es caldo de cultivo, es olla hirviente

La paz social de un país se construye día a día, no puede considerarse un bien intangible permanente en el tiempo, y menos es resultado de la generación espontánea. Más bien, es el fruto de políticas de Estado, para lo que se requiere de un Estadista con visión de futuro, que con los siempre escasos recursos públicos incremente la inversión en educación de calidad y pertinente, en salud pública de primer mundo, en oportunidades de crecimiento deportivo y cultural y la generación de empleo para la juventud, misma que hoy es la principal fuente de mano de obra de los grupos narcotraficantes.

Pero por el contrario, la agenda de Chaves Robles se ha dirigido hacia un debilitamiento no solo de la seguridad pública, sino también de asestarle golpes a otros sectores vitales como el educativo, el cultural y aún no ha propuesto una ruta para generar empleos para jóvenes, mujeres jefas de hogar y personas que superan las cuatro décadas de edad.  La meta de Chaves Robles, en un afán electorero, es mostrar números macroeconómicos favorables, pero basados en una reducción de esas inversiones nacionales, las únicas vacunas que han demostrado ser eficientes para enfrentar estas espirales de violencia.

A estas alturas la discusión ya no se trata sobre las condiciones del caldo de cultivo de las disparidades sociales que subyacen en la coyuntura que vivimos, más bien es cómo bajamos de la cocina una olla hirviente que está muy pronta a explotar irremediablemente y cuyo costo será pagado con más vidas de habitantes honestos de la República que a diferencia del presidente Chaves carece de seguridad 24/7, prioridad de paso en las autopistas y espacio aéreo vedado sobre su domicilio. La verdad es que para el ciudadano común la bala que termine con su vida puede entrar por la ventana de su habitación mientras duerme o cuando va en ruta hacia su trabajo o al centro educativo.

Los llamados de diversas voces son unánimes, el tiempo es ahora para enfrentar la inseguridad, ya no es una percepción es una realidad.  Es tiempo de convocar, dejando de lado los afanes electoreros, a una mesa nacional para escuchar propuestas y soluciones colectivas, y si es necesario como lo hace la señora de Purral, raspar la olla para otorgar recursos financieros y solicitar apoyos internacionales para que los habitantes de la República en vez de esconderse en sus casas salgan a compartir con sus familias y amigos de lo bueno que ha sido este país con las generaciones pasadas.

Rodrigo Chaves Robles es tiempo de gobernar, dejar de aspirar a permanecer en las pasarelas de la efímera popularidad y de una vez por todas asumir el rol para el que se comprometió con el país y que a la fecha nos sigue debiendo desde el día uno.  Y si no puede, renuncie.

Periodista con 30 años de experiencia en la cobertura de temas culturales, políticos, ambientales y género

Comentarios
2 comentarios