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Carta abierta a Pilar Cisneros Gallo

Era 1972, cuando usted, Pilar Cisneros, siendo una adolescente, hija del jurista peruano Máximo Cisneros Sánchez, puso un pie en Costa Rica, tras dejar su país natal debido a la persecución política del exdictador Juan Velasco Alvarado contra su padre, quien como todo tirano y dictador instrumentalizó el sistema judicial para perseguir a quienes consideró sus enemigos políticos, entre ellos don Máximo. Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente.

Con el tiempo, varias generaciones nos acostumbramos a verla denunciar desde los medios de comunicación la corrupción, el nepotismo, los tratos bajo la mesa, la piñata de embajadas y cargos públicos y los negocios a dedo dados a empresarios ante vacíos legales pero inmorales, lo que partido hoy llama "rutas"; en fin, durante décadas usted Pilar Cisneros sumó medallas a su nombre.

Sin embargo, su actual su desempeño como diputada de la República solo puede calificarse de patético, deficiente y servil al poder político de un Presidente que a todas luces ha demostrado incompetencia e incapacidad de negociación, ataca la institucionalidad, y se ha atrevido a tildar la democracia costarricense como dictadura y tiranía, precisamente como esas de las que usted y toda su familia huyeron del Perú hace 50 años.

Hoy escucharla a usted es un insulto a quienes crecimos creyendo en la democracia tica, que aunque con falencias es siempre susceptible de mejoras, porque habría que ser muy miope para creer que los sistemas políticos son perfectos, para prueba la remito a la insurrección ciudadana en el Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero 2021.

Al concluir su paso por la Asamblea Legislativa algo es seguro, las medallas que pudo haber ganado por su credibilidad periodística se le habrán caído, como hace unas semanas dijo su líder y acólito político Rodrigo Chaves Robles a otro alto funcionario perteneciente a un partido político distinto a la agrupación taxi que lo llevó a la presidencia.

Su llegada a una curul legislativa no ha representado cambio alguno en la forma en que por décadas ha trabajado ese Poder del Estado, por el contrario sus exabruptos con el objetivo de encubrir la incapacidad demostrada de Chaves Robles, su defensa a ultranza de lo indefendible y su eco de las persecuciones orquestadas desde Zapote, muchas de las cuales son fruto de los berrinches de un adulto que nunca aprendió a tolerar un no en su infancia, solo pueden ser interpretados como llamadas de alerta para quienes conocimos de primera mano los relatos de costarricenses que perdieron familiares en la guerra civil del 48; y es que en mi caso crecí oyendo historias de personas mayores que se enfilaron de un bando u otro, u otras de quienes en su juventud sirvieron en las fuerzas armadas durante la dictadura de Tinoco. Usted como hija de un refugiado político debe haber oído otras del Perú, que en las décadas siguientes a su huida sigue enfrentado múltiples crisis políticas.

Escucharla a usted atacar la institucionalidad del país que recibió a su padre y sus muchos hijos e hijas solo causa un profundo enojo. Su familia se afincó dentro la seguridad política de esta democracia que hoy usted vilipendia, y que aún a pesar suyo y de Chaves Robles es reconocida en el mundo. Para quienes como yo también somos hijos de migrantes que encontraron la paz y oportunidades en este país tan hermoso escucharla a usted nos produce vergüenza.

Somos miles de personas quienes nacimos en esta tierra que abrió las puertas a nuestros abuelos, abuelas, padres y madres para empezar una nueva vida, un país que solo cosas buenas nos ha dado, como usted también las ha recibido, porque usted como muchos migrantes recibió educación superior en una universidad pública, en su caso en la Universidad de Costa Rica, de la cual también fue docente. Ha tenido el reconocimiento público de la ciudadanía costarricense y ha estado vinculada a los principales medios de comunicación nacionales, de los que hoy en consonancia con Chaves Robles ataca a mansalva, así como a sus propios colegas.

Simplemente su actuación, con fines que aún desconocemos, y con la excusa de responder al "soberano", solo responden a una autocracia, por no repetir las palabras tiranía y dictadura que con tanta insistencia le gusta repetir a usted y Chaves Robles. En suma, su narrativa mediática basada en medias verdades, mentiras soeces sin el menor tapujo y sus exabruptos no suman nada para mejorar nuestro país, sino que contribuye a confrontar peligrosamente a costarricenses contra costarricenses.

En mi caso, y como miles que nacimos aquí por fortuna, creemos que efectivamente nuestra democracia está en peligro, pero en peligro por personas como usted y su líder, quienes como aspirante a dictadorzuelo lo primero que ha hecho es crear desconfianza entre la ciudadanía hacia la institucionalidad, cuestionar la solidez de su Constitución Política, manchar la integridad del Poder Judicial y debilitar aún más el Legislativo e incluso al Tribunal Supremo de Elecciones, así como transgredir impunemente la sana división de poderes y justificar la instrumentalización de los recursos del Estado para perseguir a opositores políticos, acallar las voces de periodistas, cuestionar las libertades de prensa e información veraz y comprar conciencias con cargos públicos y contratos publicitarios a dedo.

Este hermoso país, donde la inseguridad se ha incrementado exponencialmente desde la llegada a Zapote de Chaves Robles, está en riesgo, pero por promover falsos mesianismos, de esos que han caracterizado la historia latinoamericana. Nuestro sistema no es perfecto, para nada, pero de eso a socavarlo subrepticiamente con narrativas ficticias de mensajes del "soberano" es una apuesta de la que todos saldremos perdiendo.

Le recuerdo que su rol como legisladora no es solapar a un adulto con actitudes de niño berrinchudo, que durante dos años se ha dedicado a dinamitar puentes más que a construir. Su trabajo es contribuir a mejorar nuestra institucionalidad, no a destruirla. Su trabajo es devolver algo positivo a Costa Rica, de lo mucho que usted y sus familiares han recibido por décadas.

Recuerde que ningún migrante está obligado a permanecer en un país que considere detestable, peligroso, contrario a sus principios políticos o religiosos o indigno para su familia. Afortunadamente, como en su caso, muchos tienen la opción de regresar a sus naciones de origen; otros seguiremos aquí como hijos de esta tierra creyendo que fuimos bendecidos de despertar cada día bajo el límpido azul de nuestro cielo.

Periodista con 30 años de experiencia en la cobertura de temas culturales, políticos, ambientales y género

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