Caminando por Chepe, caminando por Tilarán
Será porque ya son dos décadas de vivir en la pasividad de una zona rural, o tal vez porque, por estas latitudes, lo más parecido a un congestionamiento vial consiste en el traslado de un pequeño hato de ganado de un potrero a otro; o porque aquí el aire todavía es puro, como el agua de nuestra naciente, o porque las caminatas vespertinas me permiten ver, en una fila impresionante, a tres famosos de la vulcanología nacional: Tenorio, Miravalles y Rincón de La Vieja, erguidos como viejos Generales; o allá, en el lejano horizonte, por la costa del Pacífico Norte, la despedida del sol entre las ramas de los árboles, en un escandaloso atardecer de variantes rojo-naranja.
Seguro es la suma de todas esas cosas que se pueden ver desde aquí, en el distrito de Quebrada Grande de Tilarán, lo que hacen que a uno le golpee, como una piedra en la cara, el contraste de lo que para nosotros ya es cotidiano versus el día a día de la ciudad de San José.
Hace unos días hubo que ir. Allá uno no va porque quiera…
Apenas con los documentos necesarios (por prevención) me eché a caminar por el centro de Chepe, desde el Paseo Colón hasta el Museo Nacional, de vez en cuando metiéndome un par de cuadras a la derecha y otras a la izquierda (temerario que se vuelve uno con los años) y regresando a la avenida Central.
Hay muchas formas de describir lo que vi en esas calles, lamentables, la mayoría de ellas. A media cuadra, frente al Hospital de Niños, una persona sentada en sus cartones, lloraba y pedía ayuda. Mientras me acercaba, iba llegando el característico tufo que emanan los humanos en abandono sanitario "Señor, ayúdeme" me dijo. Intentaba ponerse unas medias, "Es que no puedo y estoy obrada…" (había defecado sobre sí). Más adelante, unos jóvenes con visibles síntomas de estar bajo la influencia de alguna droga, estudiaban a los transeúntes, dispuestos a asaltar a cualquier paisano despistado para proveerse de la próxima dosis de crack, ante la (casi) nula presencia de la policía. Madres mendigando con sus hijos pequeños perdidos en la incertidumbre de un futuro fatal (¡Ningún niño debería estar expuesto a un futuro fatal!).
Sé que por estos lados no estamos exentos de situaciones similares, pero hasta ahora, la diferencia es abismal. Además, estamos hablando de la ciudad capital de la República de Costa Rica, esa es la cara que estamos mostrado a quienes nos visitan: inseguridad, suciedad y abandono. Con lo dicho no es que se pretenda esconder a los indigentes, drogadictos y personas en estado de precariedad para vernos bonitos (al mejor estilo del régimen nazi, durante los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936), claro que no se trata de eso; es un llamado de atención a las autoridades correspondientes, llámense Legislativo, Ejecutivo, Judicial, municipalidad, alcaldía o la divina providencia, quienes parecen no enterarse del pandemónium en que se ha convertido la otrora señorial "Ciudad Capital"; lamentable y vergonzosa realidad.
Puede que la cotidianidad nos haga dar por sentado lo que nos sucede, para bien o para mal, y hasta lleguemos a normalizar situaciones como las que vi caminando por Chepe o lo que vivimos acá, en Tilarán y eso no está bien (en ambos casos): allá porque hay que hacer algo ya, y aquí porque siempre hay que cuidar y mejorar lo que ya tenemos…