Por una “injusticia” perdió su trabajo y hoy vive gracias a cajas de cartón
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(CRHoy.com) Yamileth Molina perdió su trabajo como enfermera por lo que ella llama "una injusticia", pero lejos de echarse a morir, encontró en las cajas de cartón una manera de salir adelante.
Hace 18 años trabajaba en un centro médico de la Caja Costarricense de Seguro Social, en Los Cuadros de Goicoechea. Una niña llegó con una herida bastante profunda y requería sutura. Sin embargo, los médicos encargados no estaban y Molina tomó la decisión de atenderla.
"Por hacer un acto humano, me despidieron. Mi jefa me dijo que yo me había salido de mi perfil de enfermera. La niña de 8 años se había cortado con una lámina de zinc y ella se me estaba desangrando. La función -como enfermero- es curarlo, pero los médicos no me contestaron cuando yo los llamé y yo decidí suturarla. Eso me costó el puesto, yo tenía plaza en la CCSS, tenía casa, carro y una vida estable", recordó con lágrimas en sus ojos.
Tras una causa judicial, esta vecina de Heredia lo perdió todo. Vendió su casa para pagar el abogado y hacerle frente al proceso.
"Toda mi vida cambió. El juicio duró 7 años y lo gané. Tal como está en el expediente (del cual CRHoy.com tiene copia), la jueza dijo que no era posible que yo fuera condenada por salvarle la vida a una niña, pero no me devolvieron el puesto por una omisión de mi abogado en ese momento, que no pidió la reinstalación", añadió.
Con un doctorado en Enfermería, Molina buscó trabajo en muchos centros médicos, pero no obtuvo respuesta. Sentía que su vida se derrumbaba y no podía creer lo que estaba viviendo. Además, sufrió agresión física, psicológica y emocional por parte de dos parejas que tuvo.
"Soy una sobreviviente, porque luché en momentos en que mi vida estuvo en peligro, de ser apuñalada por el cuello. Mi primer esposo me golpeaba hasta que la fuerza de él no daba. La Cruz Roja me sacó muchas veces de la casa y por esas agresiones perdí una bebé. Ese ciclo de violencia lo viví durante muchos años y en mi segundo matrimonio también lo pasé", dijo con dolor.
Yamileth se armó de valor y logró salir adelante y encontró en las cajas de cartón la forma de ganarse la vida. Desde hace varios años vende cajas personalizadas y de todos los tamaños para repostería, regalos y diferentes artículos, además de bisutería fina.
"Desde pequeña siempre fui buena para las manualidades y mi mamá descubrió en mí ese talento. Primero empecé vendiendo ropa que traía de Estados Unidos, pero yo quería algo fijo, que me permitiera vivir de eso. Gracias a Dios tengo un talento que me permite sobrevivir", citó.
A sus 54 años, reconoce que no ha sido fácil, hay días que se atrasa con el pago del alquiler de su casa pero trabaja más para poder hacerle frente.
"Es muy difícil de verdad, a nivel emocional, he enviado currículos a muchos lugares, pero yo siempre busco la manera de trabajar más y más. Hago cajitas de varios tamaños, las echo en una bolsa y me armo rutas por semana para ofrecer en tiendas y comercios. Voy desde Heredia hasta Alajuela, a Cartago o a Guápiles, en bus y no me atrasa si llueve o hace sol, yo creo que las puertas se las abre uno. También promuevo mis productos en ferias artesanales, a través de Facebook y por medio de otros clientes que tienen mucho tiempo conmigo", expresó.
El sueño de doña Yamileth es poder pensionarse trabajando en lo que ama, como enfermera al servicio de los demás. Sin embargo, agradece el don que Dios le dio de poder desempeñarse en las manualidades y vivir de eso.
A mi me duele porque hay muchos ineficientes en la CCSS, que no hacen las cosas por amor, y a mí, que deseo trabajar en eso, no se me da la oportunidad. Yo tengo un dicho y es que, si hay limones, se hace limonada. Hay gente que se cierra, que si no hay trabajo en lo que estudió, no trabaja. La creatividad nace de la necesidad y en el momento en el que yo me convencí de eso, alimenté mi mente y mis manitas y dije ‘¡Aquí es ponerle!'










