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Venezolanos en Costa Rica narran el horror de pasar el “Tapón de Darién”, un infierno en la Tierra

"Hay muertos, cadáveres de personas que se quedan", narra migrante que sueña con convertirse en jugador de béisbol

Por Paulo Villalobos | 25 de Ago. 2022 | 6:11 am

(CRHoy.com) "Duramos 14 días pasando la selva del Darién. Si en realidad el infierno existe, como dicen, para mí es ese".

Marco López resume de esa manera la tragedia de atravesar la región fronteriza entre Colombia y Panamá, como parte de la ruta que deben seguir los migrantes venezolanos en su travesía a Estados Unidos. Una parada obligatoria en el camino es Costa Rica.

Desde un costado de la Terminal 7-10, en la avenida 7, entre las calles 8 y 10 de San José, este "perseguido político" del régimen de Nicolás Maduro -como se identificó al presentarse con este redactor- aseguró que en ese trayecto han fallecido al menos 68 compatriotas suyos.

A sus 49 años fue advertido de que no lograría cruzar el llamado "tapón", como se le denomina por representar una barrera natural que interrumpe la carretera Panamericana. Aún así, salió solo de su casa con el objetivo de conseguir una oportunidad de trabajo en el gigante norteamericano, que le permita dar una mejor vida a sus cinco hijos -de entre 12 y 2 años- y a su hermana con cáncer de mama.

"Tres días nos ha tocado dormir en el monte porque las carpas se nos inundaron. Debimos resguardar a los niños, pero aún así algunos murieron, así como unas mujeres embarazadas", indicó López.

Agregó que del recorrido, también hay quienes salen con los pies destrozados o los tobillos rotos.

Otros terminan enfermos de la fiebre porque ahí se toma hasta agua de muerto porque los muertos están tirados en el río y hay que tomar de esa misma agua porque no hay más selva adentro.

Testigos de lo peor

Otros tres migrantes narraron a CRHoy.com sus propias experiencias en el Darién.

Uno de esos casos es el de Cesia Duque. Ella salió hace un mes de su nación, acompañada de su esposa y sus tres hijos, de 11, 8 y 4 años. Su sueño es poder encontrar en Estados Unidos la oportunidad de conseguir lo suficiente para tener una casa propia. Mientras tanto, esa recaudación es casi que de sobrevivencia, ya que mediante la venta de confites y galletas, deben acumular lo necesario para adquirir los cinco pasajes que los lleve a Nicaragua o más allá.

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A diferencia de las demás personas consultadas, esta madre de 28 años, apenas se refirió al Tapón de Darién como "duro", aún y cuando en el grupo de 30 migrantes viajaban 16 menores de edad.

Hay muertos, cadáveres de personas que se quedan, niños a los que los padres los dejan o los pierden, gente a la que se la lleva el río… pero cada uno vive una experiencia distinta.

David Rivas, migrante venezolano

Pero a este último, de 21 años, ni siquiera las horribles imágenes que pudo observar lo separan de llegar a Estados Unidos para convertirse en beisbolista profesional. Él tiene tres años de haber abandonado su país. Se encontraba en Perú, donde esperó a adquirir la mayoría de edad para emprender su camino al norte del continente.

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La experiencia de de José Domingo Rondón fue distinta. Le indigna el trato recibido por los habitantes de la selva, ya que -sostiene- su único objetivo es aprovecharse de los migrantes, al engatusarlos con guías o campamentos. Además, este entrevistado aprovechó para hacer recomendaciones y advertencias a sus compatriotas, en caso de que se decidan a iniciar la travesía, tales como por ejemplo, que estén preparados físicamente o que de lo contrario no se expongan.

"Yo personalmente vi siete muertos; personas que se infartaron o que se cayeron. Ahí nadie ayuda porque así es, cada quien ve por lo suyo. Es muy ruda la cuestión", añadió este entrevistado, de 31 años.

Oleada migratoria

Algunas decenas de venezolanos -entre ellos, los cuatro consultados por este medio- tienen hasta cuatro días varados en San José. A un costado de una terminal de buses, sobre la acera, instalaron sus tiendas de campaña en uno de los sectores más peligrosos de la capital; razón por la cual la Policía Municipal de San José los mantiene bajo una vigilancia permanente.

La mayoría se muestran agradecidos con el trato recibido en el territorio nacional, donde destaca que instituciones públicas -como el Patronato Nacional de Infancia (PANI) o la Defensoría de los Habitantes de la República (DHR)- así como organizaciones sin fines de lucro -como Asociación Obras del Espíritu Santo (AOES)- se han presentado a atender algunas necesidades, como alimentos y medicinas.

A ello agregaron empresarios y ciudadanos que se han acercado a ofrecerles transporte o ropa, respectivamente.

Tanto Cesia Duque como José Domingo Rendón insistieron en que su mayor urgencia es recaudar el dinero para comprar sus pasajes y seguir adelante. Ninguno de ellos -aclararon- pretende que los tiquetes les sean regalados. Más bien, piden algún trabajo.

Incluso, relataron que con la venta de melcochas, confites o galletas han logrado acumular lo suficiente para llegar a Costa Rica.

De esa forma, ofreciéndolo a conductores que pasaban sobre la avenida 7, varios de los migrantes intentaban ganarse los cincos, como lo pudo constatar CRHoy.com durante una visita al sitio de una hora.

Algún trabajo, una labor social… cualquier cosa que podamos hacer para que nos ayuden. Tampoco es que estamos pidiendo que nos lo regalen.

Cesia Duque, migrante venezolana.

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