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Internación involuntaria, ¡ya!

Por Agencia / Redacción | 4 de May. 2025 | 4:11 am

Ciertos sectores de la capital, pasadas las 10:00 p.m., se llenan de indigentes. Hordas de estos individuos escarban las bolsas de basura y, de vez en cuando, la tentación los fuerza a saltarse los muros, barandas o cualesquiera barreras posean las casas para apropiarse de algún objeto descuidado por el propietario. Esto, claro está, en el mejor de los casos. En el peor, fuerzan cerraduras y realizan destrozos para ingresar en las viviendas.

Cuando esto ocurre, al ver los destrozos, los objetos robados y otros acontecimientos, se experimenta una sensación muy molesta. Sí, la privacidad personal ha sido vulnerada. Alguien, sin la autorización de uno, ha destruido o dañado cosas que han costado dinero y mucho esfuerzo. Duele y mucho. En los últimos dos años, en mi casa hubo un robo y otros dos intentos, por dicha, infructuosos. El día del suceso varios vecinos se acercaron para hablar conmigo.

—Ya no podemos seguir así.—Indicó uno de los presentes—. Una cosa menos por aquí, otra menos por allá y siempre, estos individuos, se salen con la suya.

—Ojalá el gobierno decretase un día similar al de la película The Purge, así, saldría vestido y armado al estilo de Duncan Macleod para cortar cabezas.—Le respondió otro.

—Debemos entender.—Intervine en la conversación—. No todos crecieron con las mismas oportunidades. Por desgracia, aunque el gobierno y otras organizaciones tengan programas de ayuda para personas en riesgo, no siempre alcanzan a la totalidad de la población.

—En este tema el gobierno está fallando.—Dijo otro—. Cada día nuestro país se asemeja más a un episodio de Walking Dead. ¡Zombies por doquier!

—Tampoco hay que ser ofensivo.—Increpé—. También son personas y como tales merecen respeto.

Aunque debo reconocerlo, detrás del comentario ofensivo algo de realidad salta a la vista. El fenómeno de la indigencia, los robos y otras situaciones parece ir en crecimiento.

—¿Por qué no pone la denuncia?—Dijo una mujer joven, hija de uno de los presentes.

—¡Ay, triste destino!—Le respondí—.  La respuesta sencilla y sin rodeos es: ¡no! El trámite es engorroso, caro y tiende a durar años. ¿Cuál es el desenlace? Tiempo y recursos perdidos. Además, no sabemos quien es y…

—Y aunque hubiésemos agarrado al perpetrador in fraganti, por el monto robado lo dejan salir el mismo día.—Interrumpió el papá de la muchacha.

Por horas estuvimos hablando y a pesar de ciertas diferencias la impotencia y el abandono por parte de las autoridades nos unía.

Hace unos días coincidí con una noticia curiosa. En Uruguay existe la ley de internación compulsiva donde, de acuerdo al criterio de un profesional, si una persona es un peligro para sí mismo o los demás, podrá ser recluida en un centro especializado. ¿Acaso el consumo desmedido de una droga no cuenta como una acción peligrosa para el individuo? ¡Por supuesto! Lo es. Y si a eso le sumamos los robos y otras acciones delictivas… "Guau", me dije, al reflexionar sobre la noticia, ¡aquí está la solución! ¿Por qué no incentivar una política similar? Es una irresponsabilidad, por parte de las autoridades, no tratar, con mayor vehemencia, este terrible flagelo social. Se podría desarrollar un centro especializado donde las personas ingresadas reciben tratamiento para lidiar con su adicción y también se les brinden capacitaciones para enseñarles un oficio.

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