El profesor que convirtió la música en un puente de vida para sus hijos y estudiantes
En el Día del Padre, muchos hijos y padres reconocen el esfuerzo realizado durante años, ya sea en el ámbito económico o en el vínculo emocional que los une. Ese lazo se convierte en un apoyo fundamental para quienes consideran a su padre un pilar esencial en sus vidas. El respaldo puede manifestarse de múltiples formas, incluso a través de la transmisión de pasiones, como lo hizo Mario Fernández con sus hijos, Roberto y Sofía, en el ámbito musical.
Fernández es un profesor de música que, durante años, ha dedicado su vida a este arte. Desde el momento en que se le observa tocando un instrumento o cantando, es evidente el profundo amor que siente por la música y su deseo de transmitirlo a quienes lo rodean. Para quienes lo conocen, no es un secreto que ha inculcado esa pasión en sus hijos desde su nacimiento.
Desde muy pequeños, siempre procuró motivarlos con diversos géneros musicales; sin embargo, el vínculo musical que llevan en la sangre fue lo que los llevó a solicitarle, por iniciativa propia, vincularse más directamente a la música. Así sucedió con Sofía, quien desde temprana edad cantaba y tarareaba cualquier melodía. Su voz ha cautivado desde el kínder, donde participaba activamente en cada festival.
Su interés por tocar un instrumento la llevó a conocer el violonchelo, el cual, al presentárselo su padre, la enamoró de inmediato. Esta pasión e inspiración nacieron en casa, gracias al constante apoyo y motivación de su padre. Crecer rodeada de música generó en Sofía una conexión natural con el arte.
La unión familiar en torno a la música se consolidó cuando Sofía comenzó a cantar en los rezos familiares junto a su padre. Quienes los escuchaban no solo percibían el talento, sino una evidente complicidad y unión familiar, ya que él siempre andaba a su hija en cada una de las aulas o eventos a los que iba. La pasión de Fernández por compartir su amor por la música con su familia es, en sus propias palabras, "algo inexplicable".
Algo similar ocurrió con su hijo Roberto. Fernández priorizó siempre llevarlo a clases en la Orquesta Sinfónica Juvenil. Hoy, Roberto es uno de los profesores de violín más destacados del Sistema Nacional de Educación Musical (SINEM), cosechando así los frutos de ese esfuerzo.
Cada vez que no puede asistir a una presentación de sus hijos, lo resiente profundamente, pues siempre procura estar en primera fila, disfrutando junto a ellos de cada logro. Ver cómo el público aplaude a sus hijos es, para él, un reconocimiento compartido, pues ese talento también fue sembrado por su acompañamiento.
El trabajo que ha realizado como padre se refleja no solo en los logros de sus hijos, sino también en los valores de disciplina que les inculcó. Al recordarlo, las lágrimas lo invaden. Para Fernández, los músicos son personas de gran sensibilidad, capaces de valorar cada instante; ver que sus hijos encarnan esas cualidades es motivo de inmenso orgullo.
Fernández expresa que ver a sus hijos sobre los escenarios le genera un sentimiento indescriptible: "Ahora entiendo cuando mi mamá me decía que se le salía el corazón de orgullo al ver a sus hijos", comentó.
Este profesor de música no solo ha marcado la vida de Sofía y Roberto, sino también la de cientos de niños a lo largo de su carrera. Durante muchos años trabajó como docente en diversas instituciones, destacando su labor en la Escuela El Roble de Alajuela, donde fundó una banda escolar que obtuvo múltiples premios en los Festivales Nacionales de las Artes y concursos a nivel nacional.
Fernández creyó en cada niño que pasó por sus aulas, motivándolos a buscar la excelencia, ya fuera en la música o en cualquier ámbito profesional. Para muchos de estos estudiantes, fue más que un maestro: su entrega y paciencia para poner un instrumento en manos de un niño y enseñarle a leer un pentagrama dejaron huellas imborrables.
Lo que nunca imaginó fue que entregar un instrumento pudiera cambiar tantos destinos. Uno de sus casos más destacados es el de una exalumna que, gracias a la flauta que él le entregó en sus primeras clases, llegó a formar parte del Desfile de las Rosas en 2024. Ella misma reconoce que estar allí fue posible gracias a aquel primer impulso y al respaldo incondicional de su profesor.
Cada vez que Fernández coloca un instrumento musical en las manos de un niño, no solo le brinda un pasatiempo, sino que le entrega una pasión y deposita en él su profunda confianza como un papá, creyendo que llegará a convertirse en una gran persona.



