De la naturaleza humana a la Inteligencia Artificial
Cada vez que pienso en las creaciones humanas, desde las banalidades más extravagantes a las creaciones más excelsas, comprendo que solo son reflejo de lo que somos como creaturas. Desde hace mucho tiempo, involucrado en tecnología, especialmente computacional y más cercano a la inteligencia artificial, he podido también apreciar cómo entre más avanzamos en la tecnología autónoma más necesaria se vuelve la discusión sobre la naturaleza humana, precisamente para interpretar e iluminar la naturaleza de sus creaciones.
En la era del avance tecnológico, particularmente en el ámbito de la inteligencia artificial (IA), las antiguas preguntas filosóficas sobre la naturaleza humana adquieren una nueva relevancia. ¿Somos inherentemente buenos o malos? ¿Cómo influencian estas dimensiones éticas las tecnologías que desarrollamos? Sobre estos temas reflexiono en este artículo.
La dicotomía de la naturaleza humana
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) argumentaba que el ser humano nace bueno por naturaleza (Emilio o de la educación, 1762), siendo corrompido luego por las influencias de la sociedad. En contraste, Thomas Hobbes (1588-1679) sostenía que el hombre es naturalmente egoísta y malo, propenso al conflicto y al caos sin el orden social impuesto por un poder absoluto. Decía "el hombre es un lobo para el hombre" (El Leviatán, 1651).
Sigmund Freud (1856-1939) introdujo la idea de que los seres humanos están guiados por dos instintos básicos: eros (instinto de vida o amor) y tánatos (instinto de muerte o destrucción). Estos impulsos subyacentes sugieren una predisposición a actuar bajo influencias contradictorias, lo que podría ser paralelizado en cómo diseñamos algoritmos que deben tomar decisiones complejas y a menudo contradictorias.
Erich Fromm (1990-1980), por otro lado, veía al hombre no como inherentemente bueno o malo, sino como un ser en constante lucha interna entre sus instintos animales y su racionalidad social. La capacidad de elegir, para Fromm, es lo que nos permite superar nuestros instintos básicos y actuar éticamente. Particularmente me acerco a esta posición Frommiana. Me acuerdo de la fábula de la batalla entre dos lobos dentro de todos nosotros, uno bueno y otro malo. ¿Qué lobo ganará? Aquel que alimentemos.
Los sesgos en la Inteligencia Artificial
No me cabe duda de que la creación de sistemas de IA no es un proceso neutral; lleva implícitos los valores, prejuicios y la cultura de sus creadores. Los miles de millones de datos con que se entrenan, los miles de millones de parámetros, las precisiones algorítmicas y los resultados obtenidos no podrá escapar nunca de la naturaleza de su creador. La IA, por tanto, actúa como un espejo amplificado de nuestros propios sesgos raciales, sociales y de género. Un algoritmo diseñado para la toma de decisiones judiciales o de contratación puede perpetuar inadvertidamente la discriminación si no se corrigen estos sesgos inherentes.
Podrán incluirle todas las capacidades para su ajuste fino supervisado (SFT) o una enorme carga de aprendizaje por refuerzo con retroalimentación humana (RLHF), pero mantengo mis dudas de obtener una limpieza completa de los sesgos de su creador (sesgo sistémico).
Confrontación de ideas: Las implicaciones de la IA
Al considerar las implicaciones de las teorías de estos grandes pensadores en la IA, surge una pregunta crítica: ¿Deberíamos diseñar la IA para modelar la bondad innata y corregir las falencias humanas como sugiere Rousseau, o deberíamos programarla para controlar y contener las tendencias destructivas humanas como advertiría Hobbes? La respuesta a esta pregunta tiene profundas implicaciones en cómo se configuran los sistemas de IA, desde robots asistenciales hasta sistemas autónomos de armamento. Por lo tanto, pienso que ahora más que siempre se requiere la intervención humana de verdaderos pensadores de lo humano: filósofos, expertos en ética, neurocientíficos, médicos, psicólogos y sociólogos, en todas las etapas de la formulación de una solución de IA. Al fin y al cabo buscamos soluciones que nos mejores como personas ¿o no?
Conclusión
Las teorías filosóficas sobre la naturaleza humana ofrecen un marco valioso para reflexionar sobre cómo diseñamos y utilizamos la inteligencia artificial. La IA no solo refleja nuestras capacidades técnicas, sino también nuestros dilemas morales más profundos. A medida que esta tecnología se integra cada vez más en nuestra vida diaria, se hace imperativo que continuemos cuestionando y refinando los principios éticos que guían su desarrollo. Así, el futuro de la IA deberá ser una síntesis informada tanto por nuestra comprensión de la tecnología como por nuestra reflexión continua sobre la ética humana. Este espejo de nuestra creación no solo revela quiénes somos, sino quiénes aspiramos ser. Al final del día, noto que estamos aspirando por generar soluciones de IA perfectas como nosotros no lo somos. Queda por ver qué entendemos por "perfección" para qué y para quienes.