Chayotes
Seby García, experto en coaching personal, identificó cuatro tipos de empleados en toda empresa. A cada uno de ellos los denominó como terrorista, rehén, mercenario y apóstol. El primero de ellos busca con sus actitudes, destruir la empresa. Para ello no escatima en críticas, acciones u omisiones para enrarecer el clima laboral y hacerlo insoportable. Los segundos serían aquellos trabajadores que permanecen en la empresa porque no tienen a dónde ir; la desmotivación, el poco deseo de aprender y la falta de compromiso son algunas de sus características. El mercenario vendría a ser aquel empleado al que le interesa su bienestar personal aún en detrimento de los intereses de la empresa, juega en el equipo, pero sin amar la camiseta (imagino que en la selección nacional habrá alguno que otro de estos). Por último, el apóstol, es el empleado que toda organización desea tener porque es comprometido, esforzado, colaborador, ama su trabajo y ama el lugar donde lo lleva a cabo. El apóstol siempre está dispuesto a dar la milla extra, aunque el resto de sus compañeros lo etiqueten como el típico "sapazo".
Cierto día me decía un administrador educativo que uno de sus secretos (le funcionó por más de treinta años) era conocer las capacidades de sus colaboradores y asignarles trabajos en donde pudieran dar lo mejor de sí. El que hablaba bien, era el maestro de ceremonias; los que cantaban "más o menos" integraban el coro para la fiesta del día de la madre; aquellos que sobresalían por su inteligencia kinestésica, integraban los grupos de baile para las coreografías; a los más aventajados en sus asignaturas formaban parte de los coordinadores de departamento; los músicos, artistas y deportistas eran los encargados de liderar las representaciones del colegio en los certámenes regionales y nacionales. Como en toda organización, los cuatro tipos de empleados tenían representación, aunque los apóstoles eran mayoría, el resto tenía poca capacidad de acción.
Me parece que el buen líder está llamado a descubrir dentro de los miembros de su organización quienes tienen actitudes de terrorista, rehén, mercenario o apóstol, no para despedir a los tres primeros, sino para convencerlos con el ejemplo, de la conveniencia de constituirse en apóstoles tanto para ellos como para la empresa. Si esta crece, ellos crecerán con la empresa. Que esa relación entre el trabajador y la organización sea ganar-ganar. Ya lo dijo hace muchos años don Germán Retana: "si juegas para el equipo, juegas para ti".
A diferencia de Seby García, no soy experto en coaching personal, por lo que prefiero identificar a los trabajadores de una organización como los que están a favor de los intereses de ella, los que están en contra y los "chayotes". Estos últimos son "ni chicha ni limonada" y por ello se constituyen en los más peligrosos del grupo, porque pueden ser convencidos fácilmente (después de ciertas oscuras negociaciones) por los segundos a actuar en contra de los intereses de la institución. Aplicado lo anterior a cierto edificio de Cuesta de Moras podríamos preguntarnos: ¿Cuántos de los 57 están a favor del progreso del país? ¿Cuántos se les paran a estos en la escoba? ¿Cuántos chayotes hay? De haberlos, como buena chayotera, todo lo enredan (ciertas leyes pueden ser un buen ejemplo). Ojalá los costarricenses pudiéramos evitar cada cuatro años que los chayotes ocupen una curul.
Docente y Psicólogo